Venezuela: ¿la gallina de los huevos de oro de Estados Unidos?

Venezuela concentra enormes reservas de petróleo. Su relación con Estados Unidos abre un debate sobre inversión, soberanía y disputa geopolítica.

Refinería de Amuay en Venezuela.

Venezuela, un país en la costa norte de América del Sur con una de las mayores reservas probadas de petróleo, siendo durante décadas un actor energético clave en el sistema internacional. Su apelativo -la gallina de huevos de oro- refleja no solo la riqueza natural que posee, sino la paradoja de un país sumamente rico en recursos y pobre en estabilidad política, social y económica, pues en el ámbito petrolero solo produce y vende alrededor del 1 por ciento del crudo que se consume en el mercado internacional.

Hoy, la relación entre Estados Unidos y Venezuela vive un momento crítico, con fuerte implicación en la política interna, economía energética y el juicio sobre la soberanía nacional de Venezuela.

Venezuela: reservas petroleras y crisis productiva

Según Roan Capital Partners, las reservas de Venezuela se estiman en un aproximado de 303 mil millones de barriles de petróleos, equivalentes a cerca del 17% de los recursos globales probados, pero décadas de mala gestión, corrupción, deterioro de la infraestructura, un modelo rentista desactualizado, crisis política y sanciones devastó su capacidad productiva.

La producción petrolera, que antes era de 3 millones de barriles por día (bpd), se ha reducido en al menos 800.000 barriles por día en 2024. Esta paradoja -gran riqueza natural y producción paupérrima- revela la debilidad del propio Estado venezolano y su incapacidad de gestionar sus recursos adecuadamente.

Estados Unidos y Venezuela: del petróleo a la confrontación

Históricamente, las relaciones bilaterales entre Venezuela y Estados Unidos estuvieron marcada de altibajos, ya sea por intereses económicos, políticos o sociales, la cooperación petrolera cedió paso a la confrontación política.

Las políticas estadounidenses hacia Caracas devenían entre sanciones económicas a una estratégica de “máxima presión” – con bloqueos activos, restricciones financieras y campañas explicitas contra el régimen de Nicolás Maduro por narcotráfico y autoritarismo- y una diplomacia coercitiva. Dichas relaciones se deterioraron drásticamente a finales de 2024, posterior a los resultados de las elecciones presidenciales de Venezuela.

Desde 2019, una parte significativa de las exportaciones de petróleo de crudo de Venezuela ha sido por parte de acuerdos de intercambio de petróleo por préstamos. Según Modern Diplomacy, en 2023 China recibió el 68% de las exportaciones petróleo crudo y solo el 23% se destinó a EE. UU.

La captura de Maduro y las negociaciones con Delcy Rodríguez

Delcy Rodríguez, quien ejerce actualmente la presidencia en Venezuela, reunida con Donald Trump.
Delcy Rodríguez, quien ejerce actualmente la presidencia en Venezuela, reunida con Donald Trump.

Con la operación militar llevada a cabo el 3 de enero del 2026, donde fuerzas militares de EE. UU. capturaron al líder autoritario Nicolas Maduro bajo cargos de narcoterrorismo -un hecho sin precedente en la región- que marcó un antes y un después en la dinámica bilateral.

Se reanudando sus negociaciones con el gobierno venezolano bajo el mando de la actual presidente Interino de Venezuela Delcy Rodríguez. A pesar de las tensiones, altos funcionarios del gobierno estadounidense han afirmado que no buscan un gobierno títere ni una ocupación, sino una transición democrática y estabilización que permita elecciones libres y la recuperación institucional.

La apertura petrolera de Venezuela a la inversión extranjera

Frente a décadas de paralización económica, el gobierno interino de Delcy Rodríguez ha aprobado una serie de reformas claves para abrir el sector petrolero a la inversión extranjera, incluyendo empresas privadas y medidas que flexibilizan el control estatal de PDVSA.

Este cambio responde a presione externas, en particular de EE. UU, que ha flexibilizado algunas sanciones y promoviendo acuerdos comerciales con petroleras estadounidenses, como la compra de barriles por parte de la refinería de Citgo -primera venta desde 2019 cuando rompió lazos con la petrolera estatal de Venezuela-, firmando un acuerdo por 2.000 millones de dólares para suministrar petróleo venezolano a Estados Unidos y otros mercados.

No obstante, esta apertura ocurre en un contexto complejo: las reformas se realizan sin un consenso social, y bajo un gobierno que no es reconocido y/o elegido por la población venezolana.

Petróleo, soberanía y disputa geopolítica

El petróleo venezolano no solo importa por su volumen, sino por su potencial energético y geoestratégico: la influencia y/o control de esta riqueza puede influir en el equilibrio energético, siendo clave en la inserción de Estados Unidos en el mercado global, y en la capacidad de Chian y Rusia de proyectarse en la región de América.

Venezuela sigue siendo la “gallina de los huevos de oro” sobre el papel, su control significaría un cambio en la geopolítica y economía de Estados Unidos, siendo una inversión costosa, que puede generar ingresos significativos. No obstante, este proceso me hace plantear las siguientes interrogantes:

¿Puede una apertura económica sostenible sin un consenso político y un gobierno no reconocido internacionalmente, garantizar estabilidad?

¿Hasta qué punto la presión externa y la diplomacia coercitiva puede socavar la soberanía nacional?

¿Quién realmente se beneficia de la reapertura de Venezuela al mercado global de energía?

La respuesta a estas preguntas definirá si Venezuela finalmente podrá transformar su vasto potencial energético en desarrollo, estabilidad, bienestar y seguridad para su población, o si permanecerá atrapada en un ciclo coercitivo-cooperativo entre un gobierno no reconocido y los intereses externos de países terceros.

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