Brasil: ¿el último bastión de la Patria Grande?
Brasil llega a las elecciones de 2026 en medio de una disputa que excede sus fronteras. Lula, Flávio Bolsonaro, Donald Trump y China aparecen en un tablero que puede redefinir el margen de autonomía de América Latina.
El escenario político brasileño frente a las elecciones del mes de octubre se coloca en el centro del análisis internacional, principalmente latinoamericano, gracias a la marcada polarización entre el actual presidente, Lula da Silva, y su principal competidor, Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente. Pero lo que merece especial atención es la participación activa del Departamento de Estado de los EE.UU., a través de la “Doctrina Donroe”, que se ve reflejada en casi todos los oficialismos de la región, alineados explícitamente al primer mandatario estadounidense, Donald Trump.
La Doctrina Monroe fue creada en 1823 en un proceso de oposición a la recolonización de territorios en las Américas que habían sido controlados antes por las metrópolis europeas, bajo el lema “América para los americanos”. Trump retoma este concepto, con un juego de palabras entre los apellidos, a finales del año pasado. A través de este corolario buscaba afirmar el dominio y la influencia estadounidense en su “patio trasero”, influencia que, según él, no debía volver a ser cuestionada. Sostiene que el hemisferio occidental es la base del poder estadounidense y que los países de la región deben contar con líderes afines a sus intereses, expulsando influencias extranjeras, principalmente la creciente influencia china que fue creciendo en las últimas décadas.
La doctrina establece que las naciones alineadas reciben beneficios, mientras que los países no alineados o que permiten el transbordo de productos chinos enfrentan duras represalias comerciales, tal como los aranceles punitivos aplicados a Brasil. Aranceles que no pasaron desapercibidos ya que el presidente brasileño respondió inmediatamente con la Ley de Reciprocidad Económica de Brasil, que le permite al país latinoamericano aplicar aranceles idénticos o más elevados a productos que ingresan desde los Estados Unidos.
Brasil y la nueva estrategia de Trump para América Latina
Este fuerte giro en la geopolítica latinoamericana marca fuertemente el retorno de la hegemonía estadounidense en la región, a través del uso de la fuerza e injerencia directa, casos como el de Venezuela y el desplazamiento de Nicolas Maduro con las premisas de combatir el narcotráfico, así como también través de las alianzas con los distintos mandatarios, como Javier Milei en la República Argentina, como bien plantea el “Corolario Trump”. Es en este contexto, que las elecciones del país vecino nos invitan a pensar si Lula da Silva es, quizás, el último bastión de la “Patria Grande Latinoamericana” de principios de siglo y si lograra mantener a Brasil en una trayectoria soberana y a contracorriente de la región.
Lula y Bolsonaro: dos proyectos para Brasil
Flavio Bolsonaro se mantiene muy cercano a las ideas de libertad económica de mercado, mano dura frente a la seguridad, similar al plan de Bukele en El Salvador, y discursos similares a los de Milei, con quien compartió escenario en el lanzamiento de su candidatura, en julio de este año. Continuando con las similitudes a otros discursos de la derecha latinoamericana, Flavio Bolsonaro acusa a Lula da Silva de aislar económicamente a Brasil, impulsar la inflación y las tasas de interés encareciendo así la canasta básica, endeudando a las familias brasileñas bajo el lema “el efecto Lula destruyo la economia”. Son estos discursos los que plasman de manera concreta la intención de Bolsonaro de alinearse a lo impuesto por Donald Trump a lo largo de la región.
Por su lado, el actual presidente promete superávit fiscal en su gobierno, sin recortar programas sociales, mientras que afirma que recibió un país endeudado por Jair Bolsonaro, padre de su actual oponente, mientras que acusa a su oponente de “vender el país” y de perseguir intereses extranjeros.
Más allá de la relación diplomática necesaria entre países, Lula da Silva ha criticado fuertemente el intento de injerencia electoral por parte de los EE.UU., declarando que “ningún gringo le va a dar órdenes a este presidente”, dejando clara su postura frente al intento estadounidense de influir en los poderes latinoamericanos, alejándose del discurso del resto de la región.
Los BRICS y la respuesta brasileña a Estados Unidos
En medio de la agresiva guerra arancelaria con la Casa Blanca, el grupo BRICS se ha convertido en el principal apoyo estratégico, económico y judicial de Brasil. A través del mismo, China intervino formalmente en la Organización Mundial del Comercio (OMC) para respaldar la demanda de Brasil, presentada ante la misma, contra los aranceles de Trump. Este respaldo político y técnico de la segunda economía mundial le otorga a Brasil una posición de fuerza mucho mayor en el tablero internacional contra el proteccionismo de Washington, yendo totalmente en contra de las intenciones plasmadas en la “Doctrina Donroe”, que buscaba eliminar la presencia de China en la región.
Pero además de cumplir un rol de escudo comercial, el BRICS funciona en Brasil como una plataforma de economía financiera, que ayuda a reducir la dependencia del sistema bancario global dominado por los Estados Unidos, por ejemplo con la entrega de préstamos no sujetos a dólares.
Qué puede cambiar para Argentina y el Mercosur
La adopción de agendas geopolíticas contrapuestas en el Cono Sur deja en manifiesto las posturas antagónicas llevadas a cabo por países alineados como Argentina y las políticas brasileñas. Mientras que la administración de Javier Milei en Argentina ha optado por un alineamiento con la Casa Blanca de Donald Trump, el gobierno de Lula da Silva profundiza en una multipolaridad pragmática. En este escenario, la República Argentina pone en riesgo, por ejemplo, acuerdos comerciales en el Mercosur. Para implementar el acuerdo con EE. UU. le exige a Argentina la eliminación de aranceles a 221 productos estadounidenses (tecnología, autos, medicamentos) y suprimir la tasa estadística.
Esto significa la violacion del Arancel Externo Común del Mercosur, lo que ya generó auditorías y advertencias legales por parte de Brasil. No menos preocupante para Argentina, y para los países alineados a la Doctrina, es la vulnerabilidad ante las exigencias de EE.UU., principalmente con la fuerte presión para una rápida ratificación en el Congreso argentino. El acuerdo exige que Argentina ceda controles de calidad en fármacos y alimentos, refuerce patentes norteamericanas y prohíba la importación de insumos de países acusados por EE. UU. de «trabajo forzoso», lo que se traduce en un golpe indirecto a la cadena de suministro china.
En caso contrario, la aplicación de la «Doctrina Donroe» por parte de Trump implica que Brasilia sea vista como un rival estratégico en la región debido a su cercanía con la capital china. Esto se traduce en aranceles punitivos del 25% al 37,5% y tensiones diplomáticas directas, como la revocación de visas a sus embajadores, además de el aislamiento dentro de la región.
Una posible victoria bolsonarista, llevaría a Brasil al alineamiento regional y, principalmente, al acercamiento a las ideas impuestas por Donald Trump, logrando así que la influencia norteamericana se expanda por el país más grande e influyente de América Latina, logrando los objetivos impuestos, sujetos también a las próximas elecciones estadounidenses y el rol del republicanismo en ellas.
Por qué las elecciones de Brasil importan para América Latina
La relevancia de esta elección se centra en que Brasil, además de ser la principal economía de la región, es el único actor con el peso demográfico suficiente para articular un polo opuesto en la decisión regional. Cuando el debate electoral brasileño queda en medio de la búsqueda de una multipolaridad y la subordinación voluntaria al esquema estadounidense, lo que se debate en realidad es el margen de maniobra de toda la región, que corre el riesgo de perder su último anclaje geopolítico de peso. En este posible escenario, América Latina no volvería a ser vista como una región con agenda propia, como se la planteaba a principio de siglo, sino como un tablero subordinado por Estados Unidos y su disputa con China.
Para nuestro país, la elección en el país vecino no es solo un asunto de política exterior que sentimos lejano, sino que construye una variable estructural que afecta de manera directa a la economía, la industria y la soberanía nacional. Brasil es el principal socio comercial de la Argentina y el destino fundamental de las exportaciones nacionales, especialmente en rubros como el automotriz y agroindustrial. Frente a un eventual triunfo de Bolsonaro y su firme alineamiento con la Casa Blanca, esto amenazaría a la fragmentación del MERCOSUR.

Si la Argentina avanza en acuerdos bilaterales que incumplan compromisos asumidos con la región, Brasil podría, a su vez, aplicar medidas de retribución, como con EE.UU., o buscar nuevos socios comerciales. Como argentinos debemos hacer el ejercicio de reconocer las similitudes en los discursos políticos de nuestra región, pensar más en clave latinoamericana y preguntarnos si existen realmente estos intereses internacionales que ponen en juego nuestra soberanía nacional y, en caso de que así sea, que debemos hacer como sociedad para anteponer los intereses nacionales sin perseguir ideas ajenas, tal como lo plantean líderes como Lula da Silva.
Otro asunto que se desprende de esta reorganización latinoamericana es el impacto que tendría a nivel geopolítico y de soberanía. El directo alineamiento de Argentina con los postulados de la “Doctrina Donroe” deja al país frente a una asimetría y vulnerabilidad frente a exigencias diplomáticas extranjeras. Frente a un clima de alineamiento, un Brasil soberano actúa como escudo para el resto de los países del Cono Sur. Si Brasil cede y se amolda a la influencia estadounidense, Argentina perdería cualquier margen de negociación frente a las exigencias externas sobre recursos naturales o infraestructura estratégica, temas que se abordan en la actualidad del país y preocupan a gran parte de la sociedad.
Este artículo invita a pensar el cambio de dirección que ocurre en América Latina, para poder preguntarnos qué costos y que beneficios nos otorga el contexto y que tanto defendemos realmente la soberanía nacional de cada uno de nuestros países, frente a lo que rápidamente se puede interpretar como un Plan Cóndor del siglo XXI.