El Consenso de Washington y el comercio Argentina-Europa en los 90
Por Lautaro Rodríguez Bonavio (Rosario, Santa Fe, Argentina)
Estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política
Universidad Nacional de Rosario
- Introducción
En el estudio de las relaciones comerciales entre Argentina y la Unión Europea entre 1990 y 2001, priman dos grandes visiones: una institucionalista u “optimista” y otra dependentista y más “pesimista”. La visión institucionalista – propia de autores como Manners (2002) y Söderbaum & Van Langenhove (2005)- enfatiza los beneficios de la cooperación propiciados por las dinámicas comerciales durante este período, presentando el vínculo UE-Mercosur como una asociación estratégica que redunda en un intercambio mutuamente beneficioso tanto para la Argentina como para la Unión Europea
En contraposición, las visiones dependentistas, que engloban autores como Cardoso y Faletto (1969) y Aspiazu y Schorr (2010), argumentan que las relaciones comerciales están atravesadas por asimetrías de poder. Así, las dinámicas comerciales entre Argentina y Europa en los 90 fueron una profundización de desigualdades estructurales en la inserción comercial de ambas partes. En este trabajo, se retoma la postura de estos autores, añadiendo las categorías del autor Juan Carlos Puig (1980) quien teorizó sobre la “Autonomía Heterodoxa”, entendiendo a la misma como la máxima capacidad que puede alcanzar un Estado para decidir su agendar, teniendo en cuenta el contexto internacional (Puig, 1980). Esta idea supone que todo Estado, para tener autonomía, requiere de recursos económicos y productivos sólidos -balanzas comerciales no deficitarias, estructuras productivas consolidadas- y una política industrial marcada.
Con esta perspectiva teórica, es posible problematizar los efectos de las relaciones comerciales entre Argentina y la Unión Europea durante la década de los 90 (signadas por la implementación de las políticas del Consenso de Washington) en base a tres aspectos clave: por un lado la balanza comercial argentina durante el período abordado, por otro lado, la composición de la Inversión Extranjera Directa y por último los efectos sobre la estructura productiva nacional.
Pero primero es necesario responder ¿Qué fue el Consenso de Washington?
2 . El Consenso de Washington: bases y reformas
El Consenso de Washington, formulado por John Williamson en 1989, fue un conjunto de recomendaciones que condensaba reformas pro-mercado promovidas por organismos financieros internacionales, por ejemplo: disciplina fiscal, liberalización financiera, apertura comercial y privatizaciones de empresas y servicios públicos. Estas medidas fueron comunes durante la década de 1990 en la Argentina como parte del programa de gobierno del presidente Carlos Menem.
La base fundamental de las medidas propuestas por el consenso de Washington fue la de propiciar una paulatina retirada del Estado de la producción y del manejo de la economía nacional, permitiendo al “mercado” ganar mayor peso en la toma de decisiones.
El Consenso de Washington, en política exterior, tuvo como idea central la fortalecer las exportaciones de commodities de Argentina al mundo noratlántico (e importación de bienes de producción del mismo), bajo el supuesto de las “ventajas comparativas” que posee la Argentina para la producción agropecuaria.
3. Las relaciones comerciales Argentina – Unión Europea: un balance poco alentador
3.1 Balanza comercial
| Período | Expo. a la UE | Impo. a la UE | Saldo aproximado | % Expo sobre el total del producto | % Impo sobre el total del producto |
| 1990 | ≈ 6.000 M USD | ≈ 7.500 M USD | -1.500 M USD | 48% | 29% |
| 2001 | ≈ 8.200 M USD | ≈ 11.000 M USD | -2.800 M USD | 31% | 44% |
Fuente: Elaboración propia en base a informes de la CEPAL
Los datos arrojados para este período revelan tendencias negativas. Principalmente, se destaca que el déficit de balanza comercial fue persistente y creciente: de -1.500 millones de dólares en 1990 a -2.800 millones en 2001. Las exportaciones argentinas a la UE crecieron de 6.000 a 8.200 millones, pero su participación sobre el total cayó del 48% al 31%. En cambio, las importaciones aumentaron de 7.500 a 11.000 millones, elevando su participación del 29% al 44% del total.
Los informes de la CEPAL recogidos con referencia a este período también destacan otro aspecto negativo: las exportaciones argentinas estuvieron -entre un 75 y 85%- compuestas por commodities y materias primas con nulo valor agregado –v.gr. soja, trigo, etc. En cambio, las importaciones argentinas fueron de bienes de capital (45%) e intermedios (30%) de gran valor agregado y mayor costo en divisas; que contribuyeron a aumentar la delicada situación de balanza comercial
3.2 Inversión extranjera directa europea: características y impactos
Entre 1992 y 2001, Argentina recibió 98.000 millones de dólares en IED, de los cuales 44.000 U$S millones (45%) fueron europeos, siendo España quien lideró con aproximadamente 26.000 U$S millones. Los sectores receptores fueron servicios públicos privatizados (40%), petróleo y gas (25%) y sector de finanzas (15%). En contraposición sectores como industria y construcción recibieron alrededor de un magro 4% del total de la IED durante este período.
Sumado a esto, de acuerdo con Chudnovsky, D. y López, A. (2007) y Chudnovsky et al (2006), el 80% de la IED europea que llegó durante este período fue de adquisición de activos existentes -conocidas como inversiones “brownfield”- y no de creación de nueva capacidad productiva -inversiones “greenfield”. Siguiendo a estos autores, las inversiones extranjeras directas, más que buscar propiciar el establecimiento de nuevas unidades productivas, tan solo tuvo como meta la captura de rentas monopolísticas entre capitales nacionales concentrados y firmas extranjeras -que ya se hacían con la posesión de empresas otrora estatales (Chudnovsky et al, 2006).
Con estos elementos, los impactos de la IED en la economía nacional fueron, generalmente, contraproducentes. Se produjo una desnacionalización y extranjerización acelerada dado que la propiedad nacional en las 200 empresas más grandes cayó del 53% al 33% entre 1993 y 2001 y las empresas extranjeras importaron un 30% más que las nacionales (Chudnovsky et al, 2009). A su vez, se alcanzó una notoria fuga de capitales puesto que las utilidades remitidas al exterior alcanzaron los 27.000 millones -más del 55% de la IED ingresada (Aspiazu, 2002)
3.3 Estructura productiva nacional: ¿mayor o menor integración productiva?
La reestructuración propiciada por las relaciones comerciales profundizó la heterogeneidad estructural entre sectores modernos (alta productividad, capitales extranjeros, conexión global) y atrasados (baja productividad, pequeñas empresas, mercado interno). En paralelo, las 200 empresas más grandes concentraron crecientemente ventas y rentabilidad: su participación en el PIB aumentó del 38% al 42% entre 1993 y 2001. La brecha de productividad entre grandes empresas y PYMEs se amplió de 3:1 a 5:1 (Aspiazu, 2002).
4. Conclusiones
Es posible afirmar que las relaciones comerciales Argentina-Unión Europea durante el período estudiado no resultaron un intercambio mutuamente beneficioso para ambas partes sino, más bien, lo contrario -donde una se vio ampliamente perjudicada.
El Consenso de Washington generó transformaciones difíciles de revertir que aún impactan negativamente, entre ellos: desnacionalización de sectores estratégicos, destrucción de capacidades industriales, vulnerabilidad estructural y fuga de capitales. En cambio, la Unión Europea se vio ampliamente beneficiada: mayor cantidad de exportaciones, mayores firmas tomando decisiones en la producción nacional de Argentina y sin balanzas comerciales deficitarias.
Fuentes consultadas
Azpiazu, D. (2002). Privatizaciones y poder económico. Buenos Aires: FLACSO-UNQ.
Azpiazu, D. y Schorr, M. (2010). Hecho en Argentina: Industria y economía, 1976-2007. Buenos Aires: Siglo XXI.
CEPAL (varios años). La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe. Santiago: CEPAL.
Chudnovsky, D. y López, A. (2007). Inversión extranjera directa y desarrollo: La experiencia del Mercosur. Buenos Aires: Siglo XXI.
Chudnovsky, D., López, A. y Pupato, G. (2006). Las recientes crisis sistémicas en países emergentes: Lecciones para la Argentina. Desarrollo Económico, 45(180), 541-572.
Manners, I. (2002). Normative power Europe: A contradiction in terms? Journal of Common Market Studies, 40(2), 235–258. https:// doi.org/10.1111/1468- 5965.00353
Puig, J. C. (1980). Doctrinas internacionales y Autonomía latinoamericana, Universidad Simón Bolívar, Instituto de Altos Estudios de América Latina. Venezuela, Caracas.Söderbaum, F., & Van Langenhove, L. (2005). Introduction: The EU as a Global Actor and the Role of Interregionalism. Journal of European Integration, 27(3), 249–262. https://doi.org/10.1080/07036330500190073