¿Nos representa lo que nos representa?
De la Argentina inmigrante al debate global sobre racismo, derechos y representación: una reflexión sobre cómo se construye la imagen de un país y quién tiene el poder de definirla.
La historia de Argentina está hecha de viajes, migraciones y búsquedas de una vida mejor. Mis abuelos, venidos desde Asturias y sus revoluciones, viajaron en un barco sin saber bien a dónde iban. Se conocieron en Buenos Aires años después. Ella cosía sombreros, él dormía sobre las telas que cortaba en el taller de la fábrica de trajes, de la que muchos años después llegó a ser socio. Mis nonnos, llegaron en otro barco desde Italia. Él queriendo superar el horror de la guerra, el pasado partisano y el dormir con el fusil y la granada siempre listos en la mesa de luz.
Es la historia familiar de la mayoría de los argentinos que hoy somos acusados de ser racistas y discriminadores. ¿El mundo nos siente realmente así o lo que nos representa no lo hace como corresponde? Qué factores e intereses influyen en esta percepción de la identidad argentina.
En este artículo
Argentina: de la apertura migratoria al debate sobre las restricciones
El presidente argentino firmó y sancionó el DNU 366/2025, publicado en calidad de urgente en el Boletín oficial en mayo de 2025. En este decreto se restringe a los migrantes el acceso gratuito a la educación universitaria o de salud, y se endurecen los controles de permanencia en el territorio.
“…Para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino…”
La mayoría de nosotros aprendimos esta frase del Preámbulo de la Constitución Nacional, sobre la que construimos y afianzamos el ser nacional desde la escuela primaria. Una identidad que acepta e integra a quienes desean participar y construir una la vida integral en la Argentina.
Otros artículos, como el 20 por ejemplo, indica cómo y a qué acceden quienes respeten las leyes:
“…Los extranjeros gozan en el territorio de la Nación de todos los derechos civiles del ciudadano; pueden ejercer su industria, comercio y profesión; poseer bienes raíces, comprarlos y enajenarlos; navegar los ríos y costas; ejercer libremente su culto; testar y casarse conforme a las leyes. No están obligados a admitir la ciudadanía, ni a pagar contribuciones forzosas extraordinarias. Obtienen nacionalización residiendo dos años continuos en la Nación; pero la autoridad puede acortar este término a favor del que lo solicite, alegando y probando servicios a la república…”
¿Qué pasa con una nación que se establece como modelo mundial de derechos humanos e inclusión con la Ley de Migraciones N° 25.871 (2004), que vira para adoptar un modelo punitivo, de arancelamiento y restricciones? Aquí se puede acceder a un informe de la ONU, sobre cómo la Ley de Migraciones Argentina, generó un cambio de paradigma en la legislación migratoria en la región.
Sin embargo, esa nación que, a través de la imagen internacional que proyectan sus representantes, aparenta cambiar de idea respecto de su apertura a los migrantes, valora su cordialidad y solidaridad y la defiende. Así, un año más tarde de su publicación, el decreto 366/2025 fue derogado. Una cantidad de demandas, lograron elevar el conflicto a la Cámara Nacional Electoral que declaró su nulidad absoluta, considerando que el Poder Ejecutivo invadió atribuciones legislativas al no pasar por el Congreso Nacional, ni establecer cuál era la real urgencia del decreto, ya que el estado no había implementado desde su promulgación, las herramientas necesarias (urgentes) para gestionarlo.
Un decreto que aparenta lo que finalmente no es. Un nuevo clickbait de la ultraderecha.

Argentina, el Mundial y la disputa por la identidad nacional
Un antes y después del Mundial de la FIFA 2026.
Previo al mundial, Argentina ya estaba aislada en la ONU: sus representantes rechazaron políticas de defensa de los derechos de la mujer o la búsqueda de su igualdad; o votaron en contra de considerar a la esclavitud como un crimen de lesa humanidad en la Asamblea, alineándose con EE.UU. e Israel que llevan adelante políticas de invasión, guerra y exterminio en Palestina y Ormuz (entre otros).
Comenzado el mundial, el espíritu “futbolero” que se nutre especialmente de la catarsis y la exaltación de la identidad cultural, sirvió de plataforma para una campaña de distracción, destinada a ocultar una serie de acciones políticas en contra de los intereses argentinos. Los detractores de Milei a nivel mundial y el éxito de la Scalonetta, generó una serie de reacciones antiargentinas en redes.
Los argentinos “son racistas”, “no quieren a los extranjeros”, “no tienen negros en su población”, fueron muchos de los comentarios que aparecieron por millones. Una auténtica campaña de ragebait (mensajes de odio).
Periodistas analizando el caso, nacionales defendiendo su identidad celeste y blanca, ídolos del cine, la música o el arte manifestándose contra el país y fanáticos defendiendo la propia identidad latinoamericana e incluyente. Pero con solo tomar distancia y observar la situación se hacían evidentes miles de trolls dando origen a esa campaña con un objetivo bastante claro: distraer, desenfocar y ocultar.
El espíritu argentino más exacerbado que nunca, buscando una salida a la tristeza y los graves problemas sociales y económicos, recibió con una potencia desbordante, la oportunidad de la revancha futbolera ante un problema político internacional que lleva más de 190 años. El partido que se iba a dar entre Argentina contra Inglaterra, puso “en la cancha” el reclamo por la invasión de Islas Malvinas desde 1833. El gobierno de EE.UU. consideró al partido de alto riesgo” y “prohibió entrar al estadio con mapitas de las Islas”, según los dichos despectivos de Alejandra Monteoliva, ministra de la Seguridad de la Nación quien, al igual que los héroes de la selección, también nos representa.
Argentina ganó el partido. Pero no fue solo eso lo que causó un impacto social enorme, sino que, al terminar el juego, los jugadores argentinos desplegaron una bandera que se mostró como una revancha: “Las Malvinas son argentinas”.

MIENTRAS TANTO…
Los índices anunciaban que el endeudamiento de las familias argentinas crecía hasta un 20 % con bancos o el 28 % con fintechs.
El gobierno argentino, anunciaba que al reanudarse la actividad en las cámaras luego de la feria, presentaría un proyecto de derogación de la Ley de Tierras (Ley 26.737), permitiendo la venta del suelo argentino a compradores extranjeros sin limitaciones. Al momento que escribo esta nota, se organiza una marcha nacional para defender el territorio frente al Congreso el 6 de agosto.
En un nuevo alarde de demagogia derechista, en julio de 2026, el presidente Milei firmaba y se promulgaba un nuevo decreto. El DNU 681/2026, establece la modificación a la Ley de Migraciones prohibiendo el ingreso o permitiendo la expulsión de extranjeros que emitan expresiones de odio, agravios o ultrajes contra la República Argentina, los símbolos patrios o los ciudadanos. El decreto ya recibe las mismas críticas acerca de su ambigüedad y peligro para la libertad de expresión, que aquel DNU 366/2025.
A fines de julio, el presidente argentino viaja a Brasil e insulta a su presidente Lula (y en él a su pueblo) en su propia casa y en pleno acto de marketing político de la ultraderecha brasilera, utilizando los fondos nacionales de Argentina con fines proselitistas. El escándalo generó denuncias y causas judiciales contra Milei, en ambos países.

Campañas mediáticas, discursos de odio, cortinas de humo o fake news, se despliegan salvajemente para invisibilizar lo que la sociedad argentina sufre, cuenta cotidianamente y el gobierno no ve ni escucha. Así, entre tensiones internas del gobierno, la caída del salario cercana al 40 % en lo que va de gobierno, el ajuste general, los casos de corrupción, la situación de indigencia de los jubilados, y la pérdida de derechos en distintas áreas, la imagen del presidente se desgasta y el rechazo a su figura escala al 64 %.
Desesperanza, descreimiento, escepticismo, apatía son muchas de las palabras que se usan para describir la situación social actual. Se establece entonces, frente a un próximo año electoral el debate: ¿nos representa lo que nos representa?
Periodista