El espejismo malvinero: el “apoyo estadounidense” que nunca llega

Rumores sobre un giro de Estados Unidos reabren el debate por Malvinas. El artículo analiza qué hay detrás de esas versiones y por qué conviene tomar distancia.

Vista satelital de las Islas Malvinas, en el Atlántico Sur. La disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido continúa abierta.

En la última semana, se han viralizado (por medio del periódico británico “The Telegraph”) rumores acerca de una supuesta “filtración” de documentos y correos electrónicos por parte de funcionarios del Pentágono (sede del Departamento de Defensa estadounidense), en los cuales se baraja la posibilidad de que los Estados Unidos, en un giro de 180º, retiren su histórico apoyo diplomático a la ocupación colonial británica en las Islas Malvinas, San Pedro, Aurora y Esquivel, en caso de que la Corona británica aumente su cuota de gasto de ayuda militar a Estados Unidos en el marco de la guerra contra Irán. De concretarse este giro, Estados Unidos pasaría a apoyar directamente el reclamo histórico de soberanía argentino sobre las Islas del Atlántico Sur, rompiendo con más de 200 años de alianza con el Reino Unido.

Estas “filtraciones” de la sede del Departamento de Defensa norteamericano generaron una gran expectativa tanto en el Gobierno nacional argentino como en una parte de la sociedad argentina, que han visto dichas filtraciones como un avance sin precedentes hacia la recuperación de la soberanía sobre las Islas Malvinas. Ese entusiasmo, a su vez, se vio fortalecido por las recientes declaraciones de Donald Trump, quien, cuando se le preguntó sobre el posible retiro del apoyo al Reino Unido en la disputa por Malvinas, afirmó que siempre revisa todas las posiciones.

Entre “filtraciones” y declaraciones: el “apoyo estadounidense” en la Causa Malvinas

Donald Trump y versiones sobre un posible cambio de la postura de Estados Unidos respecto de Malvinas.
Las versiones sobre una posible revisión de la postura de Estados Unidos frente a la Cuestión Malvinas volvieron a circular en 2026, en medio de tensiones entre Washington y Londres.

Sin embargo, en este clima de fervor nacional y malvinero (potenciado por los hechos ocurridos tras el partido entre Argentina e Inglaterra por la Copa Mundial de Fútbol), es más imperioso que nunca que estemos muy atentos a este tipo de rumores, dado que —contrario a lo que se podría creer— no suponen un avance real en la recuperación de las Islas Malvinas por parte de Argentina. Ello se explica por dos grandes razones.

Por un lado, porque las “filtraciones” del Pentágono (así como las declaraciones de Donald Trump) no se dan en un vacío. Por el contrario, se insertan en una realidad política internacional específica. En el seno de la guerra con Irán, Reino Unido se ha pronunciado en varias ocasiones rechazando tajantemente adentrarse de lleno en el conflicto y, más aún, apoyar financiera y militarmente a Estados Unidos en su cruzada contra Irán.

En este sentido, las “filtraciones” y las declaraciones de Donald Trump no representan un cambio de estrategia realmente posible sino, lisa y llanamente, un elemento de presión geopolítica fundamental. Lo que Estados Unidos pretende, al amenazar con romper su posicionamiento probritánico hacia Malvinas, es incitar al Reino Unido a que incremente su gasto militar para que el Estado norteamericano pueda avanzar sobre Irán.

Por otro lado, las “filtraciones” del Pentágono y las declaraciones de Trump no constituyen un avance “sin precedentes” en la Causa Malvinas, dado que (como se anticipó) ya ha habido en la historia argentina numerosos episodios en los cuales (por un motivo u otro) Estados Unidos “amagó” con apoyar el reclamo argentino sobre Malvinas:

  • En el año 1982, pocos meses antes de la Guerra de Malvinas, se difundieron supuestos “mensajes” de funcionarios del Pentágono que (en teoría) anticipaban que, si Argentina iba a la guerra contra la Corona británica, su apoyo logístico-militar iría a la Argentina (siendo esto uno de los factores clave que motivó la realización de la “Operación Rosario” del 2 de abril).
  • En la década de 1990, en el contexto de las bochornosas “relaciones carnales” con Estados Unidos, también existieron múltiples rumores de una posible ruptura entre norteamericanos y británicos en la Cuestión Malvinas.
  • Por último, en abril de este mismo año, también se difundieron exactamente los mismos rumores de apoyo estadounidense a la Argentina por Malvinas (justificados por supuestas “filtraciones” de correos electrónicos del Pentágono).

Al margen de las diferencias de contexto entre cada uno de estos episodios, todos comparten una cosa: el mismo resultado. En todos los casos, el “apoyo estadounidense” a la Argentina en la Cuestión Malvinas nunca llegó.

Por estos motivos, es fundamental que seamos muy críticos y escépticos de los medios y portales de comunicación que vaticinan, con bombos y platillos, la supuesta llegada de un apoyo norteamericano a la Argentina en la Cuestión Malvinas, puesto que dicho apoyo nunca llegará.

No llegará porque, históricamente, Estados Unidos nunca ha reconocido los derechos argentinos sobre Malvinas, además de haber participado como guardia de los británicos en cada tragedia argentina ligada a Malvinas (incluyendo el ataque del USS Lexington en 1831, la usurpación del 3 de enero de 1833 o el hundimiento del ARA General Belgrano en mayo de 1982) (Reid, 2014).

Tampoco llegará ese “apoyo estadounidense” porque no es más que una pantalla de humo, la cual está siendo aprovechada por el Gobierno nacional argentino en forma similar a como lo hizo la Junta Militar en 1982 (con Leopoldo Galtieri a la cabeza). Sucede que el Gobierno argentino, hundido en una imagen pública negativa y azotado por diversas derrotas en la arena política y económica, pretende emplear la Causa Malvinas como un nuevo legitimador social que le permita sortear la crisis que atraviesa y evitar un colapso mayor.

Malvinas más allá del espejismo

Con todo lo expuesto anteriormente, queda claro que los sucesos acontecidos tras las nuevas “filtraciones” del Pentágono y las declaraciones de Donald Trump sobre Malvinas no suponen, bajo ningún punto de vista, un “avance” hacia la resolución de la disputa por Malvinas que ayude a la recuperación argentina de los territorios que, por derecho, le corresponden.

Sin embargo, la mayor enseñanza que debemos tener en cuenta y jamás olvidar es aún más profunda: para generar avances reales en la Cuestión Malvinas, no basta con alinearse irrestrictamente con las potencias extranjeras (léase: Estados Unidos, Reino Unido, etc.) ni mucho menos con demostrar “fidelidad” hacia el presidente estadounidense de turno o el primer ministro británico de turno.

Por el contrario, para generar avances, es necesario tener una política exterior seria y coherente, que le otorgue a las Islas Malvinas un lugar gravitante (como máxima Política de Estado) y, sobre todo, que retome el diálogo con actores como los Estados latinoamericanos y múltiples Estados dentro del continente africano, dado que son ellos los que, a lo largo de la historia mundial, evidenciaron un mayor y más prolongado interés en apoyar a la Argentina en la recuperación de las Islas Malvinas; entendiendo a las mismas islas no como espacios insulares sin relevancia sino, más bien, como un ejemplo claro de las más crudas prácticas coloniales que aún persisten en nuestro mundo y que, más temprano que tarde, deberán erradicarse.

Cartel con la frase “Las Malvinas son argentinas”.
La Causa Malvinas sigue ocupando un lugar central en la política exterior argentina y en la construcción de memoria y soberanía.

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