2026: 16 términos para entender el mundo

2026 dejó nuevas formas de nombrar el poder, la guerra y la diplomacia. 16 términos de relaciones internacionales para entender el mundo.

Hay palabras que se estudian en la facultad y palabras que se vuelven noticia. En 2026, muchas fueron las dos cosas a la vez. Nuestro equipo de redacción seleccionó los conceptos que mejor permiten leer los conflictos, las disputas de poder y las transformaciones de la política internacional durante la primera mitad del año.

1. Poder, soberanía e intervención

Colonialismo de asentamiento

Paula Villaluenga

El colonialismo clásico extrae recursos de un territorio y se retira. El colonialismo de asentamiento hace otra cosa: reemplaza a la población que ya estaba ahí por otra y organiza su sistema legal para que ese reemplazo avance como si fuera un trámite administrativo. Es el concepto que mejor permite leer lo que ocurre en Cisjordania durante 2026.

En febrero, el gobierno israelí aprobó 244 millones de séqueles para transferir el registro de tierras de la Zona C del régimen militar al sistema civil israelí. En julio, el ministro Bezalel Smotrich anunció 763 nuevas unidades de asentamiento en Eli. La región ya concentra 141 asentamientos reconocidos y 224 puestos avanzados.

En 2024, la Corte Internacional de Justicia consideró ilícita la presencia continuada de Israel en el territorio palestino ocupado y señaló que la política de asentamientos vulnera el derecho internacional. La política, sin embargo, continuó. Según la Comisión Palestina de Resistencia al Muro y los Asentamientos, los colonos realizaron 3.488 ataques contra palestinos y sus propiedades durante la primera mitad de 2026.

Erosión de la soberanía por intervención unilateral

Paula Villaluenga

La soberanía westfaliana parte de una premisa básica: ningún Estado debería intervenir por la fuerza en los asuntos internos de otro. La práctica de las potencias hegemónicas contradice esa premisa desde hace siglos, y el 3 de enero de 2026 lo mostró sin metáforas: fuerzas de Estados Unidos ejecutaron ataques militares en Venezuela, capturaron a Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores y los trasladaron a Nueva York, donde enfrentan cargos por narcoterrorismo.

Acá conviene separar dos preguntas que suelen mezclarse. Una es si el gobierno de Maduro cometió delitos y violó derechos, algo respaldado por una extensa documentación internacional. La otra es si una potencia extranjera tiene legitimidad para resolver eso mediante una operación militar unilateral, sin autorización multilateral y en violación del principio de no intervención.

Son preguntas distintas. Reducirlas a una sola es quedarse con la mitad del problema. La captura de Maduro no cerró la discusión sobre la soberanía venezolana. La volvió a abrir.

¿Puede una intervención producir un resultado políticamente deseable y, al mismo tiempo, erosionar las reglas que regulan el sistema internacional?

Presidencialismo tutelado

Paula Villaluenga

Delcy Rodríguez se convirtió, desde enero, en la primera mujer en ejercer funciones presidenciales en Venezuela. El dato simbólico circula por sí solo. Pero detrás aparece otra pregunta: ¿qué significa ejercer la presidencia de un país cuyo mandatario fue capturado por una potencia extranjera mientras esa misma potencia sigue definiendo buena parte de lo que ocurre puertas adentro?

El 5 de enero, el Tribunal Supremo de Justicia venezolano la designó presidenta encargada tras la captura de Maduro. En julio se cumplieron los 180 días constitucionales de ausencia presidencial, plazo que la oposición señala como un punto de quiebre institucional si no se convocan elecciones.

El poder formal está en sus manos. La autonomía real es la pregunta que sigue abierta.

Pensarlo en clave feminista no significa celebrar simplemente que una mujer llegue a un cargo alto. Significa preguntar en qué condiciones llega, cuánto poder efectivo tiene y quién define los límites de ese poder.

America First 2.0: intervencionismo ejecutivo

Felipe Barrientos

Es la aceleración unilateral de la política exterior estadounidense: el Poder Ejecutivo actuando directamente sobre gobiernos extranjeros, sin pasar por los canales multilaterales tradicionales.

El caso de Venezuela es el ejemplo más nítido del semestre. El concepto también busca leer el uso de presión arancelaria y amenazas sobre territorios estratégicos como herramientas de política exterior, aunque los casos específicos requieren una fuente puntual antes de presentarlos como hechos establecidos.

La pregunta que deja abierta este concepto es más amplia que cualquier episodio concreto: ¿En qué medida las acciones unilaterales de una potencia erosionan el derecho internacional como sistema?

No Alineamiento Activo

¿Es posible para América Latina no quedar atrapada entre Washington y Beijing?

Fortin, Heine y Ominami proponen una respuesta: no subordinarse automáticamente a ninguna de las dos potencias, priorizar los intereses regionales y rechazar la resurrección de la Doctrina Monroe.

No se trata de neutralidad pasiva. El No Alineamiento Activo busca preservar margen de maniobra propio en un sistema internacional cada vez más atravesado por la competencia entre grandes potencias.

En 2026, el gobierno de Javier Milei tomó el camino contrario: profundizó su alineamiento con Washington y participó de iniciativas hemisféricas impulsadas desde Estados Unidos, mientras otros gobiernos latinoamericanos intentan, con resultados desiguales, conservar mayores márgenes de autonomía.

No alinearse no significa no elegir. Significa elegir desde una posición propia y no aceptar que la competencia entre potencias defina de antemano los intereses regionales.

2. Fronteras y movilidad

Securitización de fronteras

Paula Villaluenga

La Escuela de Copenhague acuñó este concepto para explicar un mecanismo específico: cuando un Estado logra que un tema deje de discutirse dentro de la política normal y pase a tratarse como una amenaza existencial, habilita respuestas excepcionales.

La migración es uno de los casos de manual. No es que migrar sea peligroso en sí mismo: puede volverse una amenaza política mediante el vocabulario con el que se la presenta.

El 30 de julio, decenas de miles de personas cruzaron desde Marruecos hacia Ceuta, muchas de ellas a nado por los espigones de El Tarajal y Benzú. En cuestión de horas, la discusión dejó de centrarse exclusivamente en la situación humanitaria y pasó a girar alrededor del control fronterizo y de la arquitectura europea de seguridad.

Securitizar un problema es convertirlo en una amenaza existencial para justificar medidas que, en condiciones normales, serían excepcionales.

3. Diplomacia y multilateralismo en crisis

Diplomacia del desastre

Paula Villaluenga

La ayuda humanitaria internacional nunca es puramente humanitaria. También puede convertirse en una herramienta para reposicionarse, reparar vínculos rotos o extender influencia en territorio ajeno.

El 24 de junio, dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron la costa central de Venezuela, afectando especialmente a La Guaira y Caracas. Más de 30 países enviaron ayuda: equipos de rescate, hospitales de campaña y especialistas.

También Estados Unidos, cuyos marines repararon el puerto de La Guaira para facilitar el ingreso de suministros.

Las mismas fuerzas estadounidenses que meses antes habían ejecutado una operación militar para capturar al presidente del país ahora reconstruían infraestructura portuaria en nombre de la asistencia humanitaria.

La ayuda no borra la intervención previa. Convive con ella.

En relaciones internacionales, incluso la asistencia puede producir influencia, dependencia y reposicionamiento diplomático.

Minilateralismo adaptativo

Felipe Barrientos

Cuando organismos multilaterales como la ONU o la OMC no consiguen coordinar a Estados con intereses diferentes, aparece otra vía: alianzas más pequeñas, flexibles y orientadas a problemas concretos.

No necesariamente se trata de crear instituciones permanentes. Los Estados pueden formar coaliciones ad hoc para responder a una crisis, negociar un tema específico o coordinar una política, y después reconfigurarlas o disolverlas.

El criterio que prima es el beneficio directo y medible, antes que el compromiso ideológico de largo plazo.

Para los países de menor peso geopolítico, además, estas alianzas pueden ser una forma de escapar de los espacios donde las grandes potencias concentran buena parte de la capacidad de decisión.

Menos países, objetivos más concretos, acuerdos más flexibles. El multilateralismo no desaparece: cambia de escala.

Broken diplomacy

Carla Spinelli

La diplomacia también puede romperse.

El concepto describe situaciones en las que insultos públicos, cruces verbales, incumplimientos de tratados o acciones hostiles entre representantes de Estados deterioran las relaciones hasta provocar el cese de comunicaciones o el retiro de representaciones diplomáticas.

En junio, Javier Milei participó del lanzamiento de la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro y descalificó públicamente al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y al juez Alexandre de Moraes. La reacción brasileña incluyó un pedido de investigación sobre el financiamiento del viaje y la participación del mandatario argentino.

Lo que parece un cruce personal puede tener consecuencias institucionales cuando quienes se enfrentan no son individuos privados, sino representantes de Estados.

En diplomacia, las palabras también pueden convertirse en acciones de política exterior.

Lawfare

El término lawfare se utiliza para describir el uso del sistema judicial como herramienta de lucha política, especialmente cuando se busca inhabilitar o neutralizar a un adversario político mediante procedimientos judiciales.

El concepto tiene un desarrollo académico propio y se volvió particularmente relevante en América Latina a partir de los debates sobre los procesos contra dirigentes como Lula da Silva, Dilma Rousseff, Rafael Correa o Jorge Glas.

En Argentina, la condena de Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad volvió a poner el término en discusión. A fines de julio, la expresidenta llevó sus cuestionamientos al Comité de Derechos Humanos de la ONU y sumó a su estrategia jurídica al abogado brasileño Rafael Valim, coautor de Lawfare: una introducción.

El caso abre una discusión que excede a cualquier dirigente: ¿Toda condena judicial contra una figura política es lawfare? ¿O el concepto pierde capacidad explicativa cuando deja de distinguir entre procesos con irregularidades y procesos sustentados en pruebas?

4. Recursos y economía política global

Water diplomacy

Felipe Barrientos

La competencia por la inteligencia artificial también puede convertirse en competencia por agua.

Los centros de datos necesitan grandes cantidades de agua para sus sistemas de refrigeración y la fabricación de semiconductores requiere recursos hídricos intensivos. En regiones atravesadas por sequías o cuencas compartidas, esa demanda puede generar nuevas tensiones entre gobiernos, empresas y comunidades.

El agua dulce empieza así a ocupar un lugar que durante décadas estuvo reservado a otros recursos estratégicos.

La transición digital también tiene una geografía material: la IA necesita energía, minerales, infraestructura y agua.

Dominio fiscal global

Felipe Barrientos

Durante años, el endeudamiento elevado, la volatilidad de las tasas y la dependencia financiera fueron presentados como problemas propios de las economías emergentes.

El concepto de dominio fiscal global busca señalar un cambio: el endeudamiento y la presión sobre las finanzas públicas también se volvieron un problema estructural para las principales economías del sistema internacional.

Estados Unidos, la Unión Europea y Japón enfrentan niveles elevados de deuda y un escenario financiero que repercute sobre los flujos de capital y el valor de las monedas. Para los países emergentes, esa dinámica refuerza el interés por mecanismos de pago en monedas locales y alternativas frente a la dependencia del dólar.

Lo que durante décadas se presentó como una fragilidad de los países periféricos también puede convertirse en una vulnerabilidad de las potencias centrales.

Extractivismo verde

La transición energética tiene una contradicción difícil de esconder: para dejar atrás los combustibles fósiles hace falta extraer otros recursos, y esa extracción puede reproducir las mismas lógicas de siempre.

Argentina, Bolivia y Chile conforman el llamado Triángulo del Litio y concentran más de la mitad de las reservas mundiales del mineral. Los tres países tienen modelos diferentes de explotación y regulación.

En abril, comunidades indígenas de los tres países denunciaron ante Naciones Unidas la falta de consulta previa, libre e informada y los impactos de la explotación sobre salares y humedales altoandinos.

La energía puede ser más limpia. Su extracción, no necesariamente.

La transición energética no elimina el extractivismo. Puede cambiar qué se extrae, quién lo extrae y para qué mercados.

5. Guerra, tecnología y violencia

Guerra híbrida

Nina Luciani

Frank Hoffman desarrolló el concepto para explicar conflictos en los que un mismo actor combina instrumentos militares y no militares: guerra convencional, fuerzas irregulares, operaciones cibernéticas, presión política, desinformación y otras herramientas.

La idea central es que la guerra ya no necesariamente tiene un único frente.

Un Estado puede atacar militarmente mientras ejerce presión política, manipula información, utiliza herramientas económicas o desarrolla operaciones en el espacio digital.

La guerra híbrida no significa simplemente “usar muchas armas”. Significa combinar herramientas de distinta naturaleza para alcanzar objetivos políticos y estratégicos.

Interdependencia compleja como arma

Nina Luciani

Farrell y Newman plantean que las redes globales de comercio, finanzas, información y producción no solo conectan a los Estados: también pueden convertirse en instrumentos de poder.

Quien controla los puntos estratégicos de esas redes puede utilizarlos para obtener información, ejercer presión o restringir el acceso de otros actores.

Un sistema de pagos, un cable submarino, una plataforma tecnológica o una infraestructura logística pueden convertirse en nodos de poder.

La interdependencia, entonces, no implica necesariamente cooperación. También puede producir vulnerabilidad.

Cuanto más conectado está un Estado a una red, más poder puede tener quien controla los puntos por los que esa conexión pasa.

Guerra genocida

Sabrina Alvarez Covelli

Martin Shaw propone distinguir entre guerra justa, guerra degenerada y guerra genocida.

En la guerra justa, dos o más ejércitos se enfrentan y el objetivo principal es destruir al ejército contrario. En la guerra degenerada, la población civil pasa a ser utilizada como medio: los ataques buscan desgastar, desmoralizar o quebrar políticamente a quienes resisten.

La guerra genocida da un paso más: la población civil deja de ser un medio y pasa a ser el objetivo de destrucción. El objetivo es el grupo social como tal, lo que implica no solo la destrucción física de sus integrantes sino también de sus elementos sociales, culturales, materiales, institucionales, religiosos y morales.

Para Shaw, la frontera entre guerra degenerada y guerra genocida no siempre es clara. El genocidio tampoco es necesariamente un episodio rápido: puede desarrollarse a través del tiempo y de la destrucción progresiva de un grupo.

El caso de Gaza concentra buena parte del debate jurídico internacional. Sudáfrica presentó en diciembre de 2023 una demanda contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia por presuntas violaciones de la Convención sobre el Genocidio. En enero de 2024, la Corte ordenó medidas provisionales y consideró plausibles algunos de los derechos invocados por Sudáfrica. Eso no equivale a un fallo que determine que Israel cometió genocidio: el proceso sobre el fondo continúa abierto.

El caso de la República Democrática del Congo tiene un estatus diferente. La violencia en los Kivu incluye desplazamiento masivo, ataques contra civiles, una dimensión étnica vinculada a la historia regional y disputas por minerales estratégicos. Pero no existe un proceso judicial internacional equivalente al caso presentado por Sudáfrica contra Israel.

Por eso, aplicar la categoría de guerra genocida al Congo sigue siendo objeto de debate académico y no una conclusión jurídica establecida.

¿Qué ocurre cuando una categoría teórica ayuda a leer una guerra, pero todavía no existe un pronunciamiento jurídico que permita aplicarla como conclusión?

Dieciséis términos, cinco autoras y autores, un mismo semestre. La política internacional no ocurre solamente en las cumbres ni en los grandes discursos: también aparece en un registro de tierras, en una frontera, en un tribunal, en un puerto que se reconstruye después de una intervención militar, en una red financiera, en un salar que cambia de paisaje o en una guerra que el mundo deja de mirar. Ninguno de estos procesos terminó en julio. Si algo muestra este glosario es que aprender conceptos no sirve solo para aprobar un parcial: sirve para reconocerlos cuando aparecen, transformados en noticia, frente a nosotros.

Este artículo fue escrito de forma colaborativa por miembros del equipo de redacción de Chicas en RRII: Nina Luciani, Felipe Barrientos, Sabrina Álvarez Covelli, Carla Spinelli y Paula Villaluenga.

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