Lactancia materna e industrialización: sus impactos
La lactancia materna como proceso vital y su relación con la industrialización, la contaminación, la salud y el equilibrio de la naturaleza.
La lactancia materna es tan antigua como la historia misma: habla de civilizaciones, humanidad, ciencia y desarrollo. Sin embargo, lo que no es tan antiguo son los múltiples descubrimientos y la conversación sobre todo lo que acarrea este proceso biológico en los cuerpos y las vidas de las mujeres y hembras. Por esto, como conmemoración de la Semana Mundial de la Lactancia Materna, que se celebra anualmente del 1 al 7 de agosto, en este artículo hablaremos de la importancia de la lactancia materna en la naturaleza y de cómo se ha visto afectada a costa del éxito industrial.
La lactancia materna y la leche como objeto de estudio
En algunas civilizaciones, especialmente en la clase alta, dar pecho era considerado algo estético, significaba desgaste físico y envejecimiento del cuerpo, por lo cual delegaban esta tarea a mujeres de menores recursos, dando pie al nacimiento de las nodrizas. Pero en otras, las nodrizas eran elegidas por los mismos faraones o incluso solo se amamantaba al primogénito en una familia noble para que fuera el heredero; si no era amamantado, no podía serlo (Garro-Aguilar, 2022).
Sin embargo, si bien la lactancia ha estado presente siempre, los estudios sobre esta no. O no, al menos, en cuanto a los cuerpos de las mujeres, sino del “producto”, que en este caso sería la leche. Los primeros abordajes científicos sobre la leche y su composición se empezaron a dar a mediados de los siglos XVIII y XIX, limitándose a animales domésticos, más específicamente a vacas, por su interés económico y la importancia del recurso para la supervivencia humana (Stevens, Patrick y Picker, 2009).
Pero dirás: el hecho de que así haya sido con los animales no quiere decir que haya sido igual con las mujeres y esto es completamente cierto, pues en la antigua India y en el Imperio romano ya existían algún tipo de hipótesis para evaluar la leche humana según su apariencia y espesor, ideando incluso algunos experimentos para medir su calidad (Broers, 2018, #31).
Pero, ¿ves alguna relación? Sí, en ambos estudios pioneros el principal foco de estudio era la leche como producto de consumo, ya fuera humano o del bebé. Y, ey, no estamos para juzgar: en pleno siglo XVIII, de algo teníamos que consumir y, claro, la salud de los bebés es fundamental. Pero ¿y quienes producen la leche?

La lactancia materna y la industrialización
Y sí, fue mucho tiempo después cuando se empezó a estudiar la lactancia como proceso biológico en las madres y no solo como producto. Esto, coincidentemente, fue de la mano de acontecimientos históricos: la Revolución Industrial y, más específicamente, la Segunda Guerra Mundial (Taylor, 2011).
Cuando las mujeres se vieron obligadas a dejar de ser solo amas de casa y se les añadió la carga de entrar al sector productivo para hacer prosperar nuevas economías y para que otras no murieran, ya que quienes solían estar en la primera línea de producción ahora estaban en el campo de batalla, fue allí cuando para ellas se volvió físicamente imposible amamantar.
Durante estas transiciones, se dio una interrupción drástica de la lactancia materna que empezó a provocar graves consecuencias en las mujeres, siendo el abrebocas de temas alusivos a la experiencia de las madres lactantes, como la mastitis.
Para este entonces ya había registros de mastitis en casos de la realeza, pero, como tal, los primeros estudios se dieron específicamente en el año 1840, donde se describió la mastitis puerperal como una patología obstétrica, y en 1887 se empezó a generar un protocolo de tratamiento enfocado en vendajes y masajes con pomada de belladona (Wright, 1887, #174).
Sin embargo, este solo fue el primero de muchos problemas alrededor de la lactancia que empezaron a salir a la luz, pues, a mediados del siglo XIX, se empezaron a estudiar seriamente casos de daños en el pezón, congestión en los senos, infecciones, entre otros (“Common breastfeeding challenges”, 2025).
Cuando la actividad económica afecta la lactancia
Y, sorprendentemente, mucho más adelante nos daríamos cuenta de que las mamíferas, tanto terrestres como acuáticas, también sufren exactamente las mismas patologías. Pero lo sorprendente no es que ellas también lo sufran; lo sorprendente es que también nos dimos cuenta de ello a causa de la afectación que estaba causando una actividad económica.
Así como las mujeres se vieron obligadas a interrumpir abruptamente la lactancia para ir a cumplir horarios extenuantes en fábricas, con el auge de las pescas masivas utilizando redes de arrastre y la pesca incidental (bycatch) (Pacific Whale Foundation, 2025), miles de mamíferas marinas, principalmente ballenas y delfines, también fueron separadas de sus crías a la fuerza.
Debido a la imposibilidad de que la producción de leche se detuviera inmediatamente por el estímulo constante al que estaban acostumbradas hormonalmente, miles de mujeres y hembras empezaron a presentar congestión e inflamación en sus glándulas mamarias, causándoles dolores insoportables y obligándolas a acudir a masajes tortuosos o, en el caso de las ballenas, a golpear sus vientres contra el suelo oceánico para aliviar la congestión (Read, 2008).
Si bien es de amplio conocimiento que estas no son las únicas causas de congestión, pues también existen la mastitis parasítica, brotes epidémicos, hiperlactación, entre otros, sí es importante reconocer las consecuencias que pueden tener las malas prácticas económicas en los cuerpos de las mujeres y hembras.
La leche materna y la contaminación
Igualmente, así como por mucho tiempo se estudió la lactancia desde el producto —la leche— y no a quien la produce, por más intentos que se hicieran para cuidar al bebé, ignorando por completo los cuerpos de las madres, estos también fueron contraproducentes.
Con el destete prematuro y el auge de la fórmula, la popularización de esta alternativa hizo que se empezaran a proporcionar bebidas a bebés que carecían del valor nutricional requerido para un desarrollo sano (Infant Risk Center, 2021). Problemas como la anemia, las infecciones digestivas, la deshidratación e incluso la preparación de fórmula con agua contaminada en países en vías de desarrollo provocaron consecuencias letales en los niños (BBC, 2016).
Pero esto de dar leche contaminada a los bebés no era solo de humanos. En 1973, científicos empezaron a descubrir cantidades alarmantes de toxinas sintéticas provenientes del PCB y DDT en la grasa de focas, leones marinos y ballenas muertas. Esto estuvo estrechamente vinculado al “Misterio de la mortalidad de la primera cría”, donde se descubrió que los machos cargaban de forma masiva toxinas letales en sus cuerpos, en comparación con las hembras, pero, al momento del nacimiento de la primera cría, estas morían en cantidades alarmantes, forzando a los científicos a analizar la composición de la leche materna (NOAA, 2023).
Lo anterior, adicionado a la mortandad masiva de finales de los años 80, concluyó que las altas cantidades de PCB y DDT concentradas en la leche materna estaban causando fallos reproductivos desastrosos, embarazos inviables y, sí, concentraciones altísimas de toxinas en la leche materna que convertían la lactancia en un “vertedero de residuos tóxicos”. Aquí la madre movilizaba cerca del 80 % de todas las toxinas consumidas a lo largo de su vida a su primera cría a través de la leche (Jepson, 2016).
Así es: la industrialización nuevamente envenena a los niños y crías masivamente.
Y adivinen: gracias a estos estudios en la leche materna de mamíferos marinos contaminados, se pudo alertar sobre la composición de la leche materna humana, concluyendo que los recién nacidos también están expuestos a grandes cantidades de estos residuos en sus primeras semanas de lactancia, debido al consumo de productos contaminados con estas sustancias por parte de las madres, entre estos, el pescado (Michael Lackmann, 2006).
Gracias a la financiación inmediata para investigaciones de cuerpos como la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU., en español), se dio pie a la adopción en 2001 de la Convención de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes, siendo este el tratado más crítico para la prohibición total de estos contaminantes, imponiendo fechas límite estrictas de cumplimiento en los países ratificantes.
Esta convención también fue apoyada por la Convención de Basilea y la de Rotterdam, en las que se regulan y restringen los movimientos transfronterizos de residuos peligrosos y se obliga a los países a informar si algo de lo que transportan contiene algún contaminante peligroso.
Los contaminantes que permanecen
No obstante, las consecuencias las seguimos viendo hoy en día, pues, al ser “contaminantes orgánicos persistentes” (COP), estos no se pueden destruir con facilidad. Países de Asia, Europa y América Latina, altamente preocupados por tasas de natalidad históricamente bajas que están impactando la economía, ahora también se encuentran impactados por el PCB, tanto en mamíferos acuáticos como en humanos, al comportarse como disruptores endocrinos, alterando el estrógeno y el sistema de la tiroides y afectando directamente funciones reproductivas (May y Mayes, 2024).
Mientras países como Canadá y República Checa han hecho un excelente trabajo en el seguimiento y eliminación de estos residuos, existen otros como Estados Unidos, Israel y Malasia que nunca ratificaron la Convención de Estocolmo, y otros que son violadores activos de estas restricciones, como Corea del Norte. La mayoría, países que actualmente tienen como pilar de gobierno concepciones negacionistas y excluyentes con el medio ambiente y las mujeres. ¿Coincidencia? (Hogue, 2022).
Una mirada crítica sobre la lactancia y la naturaleza
Para concluir, este artículo no es más que una invitación a una mirada crítica y reflexiva sobre cómo muchos de los avances industriales y económicos, en su mayoría, han sido violentos con las mujeres y las hembras, porque sí, ellas también cuentan. Y siempre con procesos que son altamente vitales para la subsistencia humana y para el equilibrio del planeta.
La lactancia materna es fundamental, desde la crianza de niños y crías sanos y fuertes hasta para combatir problemas como la baja natalidad o la extinción masiva de especies, que también nos afecta a nosotros porque la pesca sigue siendo una actividad económica y se ve desbalanceada por la ausencia de especies.
Solemos pensar que una comparación con los animales puede ser ordinaria e incluso vulgar, pero tanto en el fondo como en el exterior nos parecemos mucho más a ellos de lo que creemos. Así que es una invitación para empezar a ver la perspectiva humana desde una visión más amigable con la naturaleza y plantearnos la pregunta:
¿Deberíamos ver la naturaleza con una perspectiva más humana, o a la humanidad con una perspectiva más animal?
Garro-Aguilar, Yaiza. (2022). “Breastfeeding: History, Techniques, Benefits, Complications and Care.” HSOA Journal of Practical and Professional Nursing. DOI: 10.24966/PPN-5681/100031.
Jepson, Paul D. (2016). “PCB pollution continues to impact populations of orcas and other dolphins in European waters.” DOI: 10.1038/srep18573.
Office on Women’s Health. (2025). “Common breastfeeding challenges.”
Read, Andrew. (2008). “The looming crisis: interactions between marine mammals and fisheries.” Journal of Mammalogy, 89(3), 541–548. DOI: 10.1644/07-MAMM-S-315R1.1.
Stevens, Emily E., Thelma E. Patrick y Rita Picker. (2009). “A History of Infant Feeding.” The Journal of Perinatal Education. DOI: 10.1624/105812409X426314.
