¿Qué sostiene a los británicos en Malvinas?

Pesca, petróleo, logística y alianzas internacionales: la red económica y estratégica que sostiene la presencia británica en Malvinas.

Base militar británica de Mount Pleasant en las Islas Malvinas

Hablemos del por qué. Y hablemos de plata.

Todos recordamos la bandera desplegada por los jugadores de la Selección luego de la victoria frente a Inglaterra, el pasado Mundial. Ríos de artículos se han escrito sobre Malvinas desde entonces, sobre la guerra, la actualidad y cómo Malvinas está en nuestro inconsciente colectivo, pero pocos profundizan en algo fundamental: ¿Por qué Gran Bretaña sigue en nuestras islas? ¿Qué los sostiene? ¿Quién se beneficia de esto?

Hoy por hoy, Gran Bretaña ocupa militarmente poco más de la mitad de nuestro territorio. De los 11 millones de kilómetros cuadrados que abarcan nuestro país, incluyendo la Antártida, las islas del Atlántico Sur y los espacios marítimos circundantes, Gran Bretaña ejerce control militar y reclama presencia en 6,4 millones. Es una presencia con tropas en el terreno, bases militares, aviones caza, buques patrulleros multipropósito y vigilancia tanto satelital como mediante programas para detectar los GPS de los buques pesqueros. Londres afirma que todo esto tiene propósitos “defensivos” y busca disuadir cualquier ataque a la “decisión” de los pobladores implantados por la Corona.

Un A400M de la Royal Air Force en el complejo militar de Mount Pleasant, en Malvinas. La base es uno de los principales nodos de la presencia militar británica en el Atlántico Sur. Foto: Ministerio de Defensa Británico.

¿Por qué Gran Bretaña ocupa nuestro territorio?

Las Malvinas son una parada fundamental para cruzar el Estrecho de Magallanes desde su poblamiento en el siglo XVIII. Las bahías de las islas eran fondeaderos naturales para los barcos cuando había tormentas o necesidad de reparaciones. En la actualidad, Malvinas también funciona, para Gran Bretaña, como escala para llegar a la Antártida: la llamada “proyección antártica”. La Estrategia Británica de Seguridad Nacional de 2025 explica que la presencia en Malvinas busca “cumplir los objetivos de defensa del Reino Unido y apoyar la presencia científica del Reino Unido en el Territorio Antártico Británico”.

Mapa de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y la península antártica
La ubicación de Malvinas conecta el Atlántico Sur con las rutas y la infraestructura de acceso a la Antártida, una dimensión central de su valor estratégico para el Reino Unido.

En distintos informes al Parlamento, en 2024, funcionarios como David Rutley (parlamentario y subsecretario para las Américas y el Caribe) subrayaron la importancia de nuestras islas, al punto de que el rompehielos que abastece a la Antártida y los cinco aviones del British Antarctic Survey (el instituto británico que estudia el Ártico y la Antártida) están registrados con la bandera del territorio ocupado de Malvinas. Desde Londres ven con buenos ojos que el gobierno de ocupación actualice el puerto que posee desde 1984, compuesto por cuatro barcazas flotantes, con el objetivo de aumentar la capacidad de carga, descarga y recepción de buques de diverso calado.

Una red logística en el Atlántico Sur

Aun así, Londres tiene otras formas de comunicación con Malvinas, como los puentes aéreos militares y civiles, que suelen partir desde la base de Brize Norton (Oxfordshire, al oeste de Londres), hacer escala en la isla Ascensión, en el Atlántico Sur, y finalizar en la base militar de Monte Agradable. A pesar de esto, la comunicación con otras partes de América del Sur, como forma de reducir algunos costos o por situaciones de emergencia, es fundamental.

El rompehielos británico Sir David Attenborough y los buques militares como el HMS Medway suelen utilizar Punta Arenas, en Chile, como escala para sus patrullajes o viajes hacia la Antártida. La potencia ocupante de nuestro territorio tiene antecedentes inmediatos de firmar acuerdos de cooperación militar con Chile y una Alianza Estratégica con Brasil, en abril de 2025 y marzo de 2026, respectivamente. Todas formas de asegurar más de un camino para llegar a la Antártida y la logística para abastecer a nuestras islas Malvinas, hoy ocupadas.

Ahora, ¿cómo se sostiene todo esto?

Los territorios ocupados por Gran Bretaña son autodenominados “Territorios Británicos de Ultramar”, como son las Malvinas, islas San Pedro y Esquivel (para Londres, Georgias y Sándwich del Sur) y el que denominan “Territorio Antártico Británico”. Si algo tienen en su favor, es que la población es muy escasa, y se concentra casi toda en las islas Malvinas, que tienen 3.541 habitantes según el censo de 2021.

Menos población implica menos división de recursos. Y más cuando 2.800 de esos habitantes viven en Puerto Argentino.

La propaganda británica busca mostrar a Malvinas como un lugar próspero, con altos estándares de vida y un PBI per cápita que está entre los más altos del mundo. Esto último es verdad, pero la simple división del Producto Bruto Interno (que rondaría los 392 millones de dólares para 2024) por la cantidad de pobladores explica ese número, que por sí solo no es garantía de nada. Solamente, de ser el único Territorio Británico de Ultramar que se sostiene sin aportes de la Corona, excepto para mantener la enorme base militar de Monte Agradable.

El 58,3% del PBI de las islas ocupadas está representado por la pesca, seguida por el sector público y el comercio, con un 10% cada uno. Siempre tomando las cifras del gobierno de ocupación.

La pesca, principal motor económico

La pesca da ganancias a los británicos a través de un sistema de licencias pagas que el gobierno proporciona a los propietarios de los buques para que pesquen alguna de la docena de especies comerciales que viven en aguas argentinas controladas por Gran Bretaña.

Buques pesqueros operando en aguas cercanas a las Islas Malvinas
La pesca sostiene buena parte de la economía de Malvinas, especialmente a través de licencias para la captura de calamar y otras especies comerciales.

Dentro de esas especies figuran los calamares Illex argentinus y Loligo gahi, la merluza blanca (la que más consumimos en las pescaderías), la merluza negra (una especie más cara y que en la Argentina se destina casi toda a exportación), rayas, centollas, peces granadero y otras especies. Solo el año pasado, los británicos admiten que saquearon 204 mil toneladas de estas especies y embolsaron 49,3 millones de dólares con las licencias, sin contar otros impuestos que dejan en las islas. Son recursos que ningún argentino pudo consumir en su pescadería de confianza ni dinero que pudo disfrutar o ver en rutas u otras obras.

Las licencias para pescar el calamar Illex son provistas por los británicos a flotas de Asia, sobre todo de Corea del Sur y Taiwán. Esos barcos, con denuncias permanentes por malas condiciones de vida a bordo y toda una serie de abusos y violaciones a los derechos humanos, solo se acercan a puerto para pagar las licencias, algún arreglo de emergencia o depositar la carga. Los controles brillan por su ausencia. Piense el lector que el Departamento de Pesca de las islas tiene nueve empleados, y los barcos con permiso de los ocupantes para pescar son… 201. Así que pueden imaginarse, cuál es la situación de esos pesqueros que saquean nuestras Malvinas de febrero a junio.

¿Quiénes se benefician de esta pesca?

Una famosa frase atribuida a Napoleón dice “un ejército avanza al ritmo de su estómago”. Las ocupaciones de territorios también. Sin actividad económica, es difícil sostener una ocupación solamente militar. Y sin países o capitales internacionales beneficiados por esta situación, mucho menos.

Para pescar, no alcanza con irse a la mar y echar las redes. Necesitás quien arme los barcos, quien pague las tripulaciones, el combustible para funcionar varios meses casi sin parar, proveedores de repuestos, puertos para descargar capturas y muchas cosas más.

El calamar Illex es el que más ingresos provee a las Malvinas ocupadas (casi la mitad de lo obtenido por licencias), y tiene su lógica que ya explicamos. Con el resto de las especies, pasa otra cosa.

Los barcos que pescan calamar Loligo y la otra decena de especies, son de capitales españoles o asociados con isleños. Su funcionamiento es así.

España, Uruguay y la logística que sostiene la pesca

Son los puertos gallegos de Vigo, Pontevedra y Marín las sedes de los astilleros y armadores de buques, que se dedican a fabricar, arreglar, mantener y reparar a las naves que saquean nuestras islas. De esas ciudades, también salen los principales medios de comunicación que apoyan a los británicos en Malvinas y celebran las grandes campañas de pesca, como son La Voz de Galicia y el Faro de Vigo.

Esos buques salen a principios de año, en particular los arrastreros que pescan calamar Loligo, y se dirigen hacia la conocida como “Milla 201”, también llamadas aguas internacionales. En ese territorio sin ley de ningún país, los españoles capturan sus primeras toneladas de peces e invertebrados, y hacen escalas en Puerto Argentino, la capital de los ocupantes. La pesca la suelen llevar a cabo desde febrero a julio, momento en el que descargan parte de sus capturas en enormes buques frigoríficos llamados “reefers” o en el puerto aliado de Montevideo. En ambas paradas, pueden conseguir combustible o repuestos para hacer arreglos.

Montevideo siempre fue un puerto con escasos controles, por lo cual es una de las mejores opciones para descargar capturas obtenidas en el Atlántico Sur mediante el saqueo a todos los argentinos. Desde ahí, vuelven a Galicia, España, hasta el siguiente año.

La triangulación España-Uruguay-Malvinas hace que el sistema funcione, aceitado con recursos saqueados a todos los argentinos, en particular a los fueguinos. Grandes empresas pesqueras españolas, como Pereira y Pescapuerta, se ven beneficiadas. Astilleros como Armón y Nodosa, que construyeron y mantienen los barcos de última generación que capturan del océano y derivan las capturas por cadenas de montaje y procesamiento a bordo, a las bodegas que conservan los productos congelados, obviamente, de maneras amigables con el medio ambiente.

Ahora, ¿qué es lo que pasa con el petróleo?

El refrán popular dice que hay que poner los huevos en diferentes canastas. Y más aún cuando una de las canastas se está por romper. Este es el caso de la pesca.

A principios del mes de agosto, portales de los ocupantes británicos y sus voceros españoles, anunciaron que la segunda campaña anual de pesca del calamar Loligo se suspendía por precaución. ¿El motivo? La cantidad de calamar bajó a límites peligrosos, muy cercanos al punto de no retorno de 10 mil toneladas. Otra vez.

Desde el año 2023, los ocupantes de las islas cancelan la segunda campaña de Loligo (de agosto a octubre) porque los mismos españoles que pescan y hacen las prospecciones para medir cuánto calamar hay, descubren que se está cerca del límite de diez mil toneladas o que las especies son muy pequeñas en edad y tamaño. Esto representa un problema porque, si se capturan ejemplares muy jóvenes, se pone en peligro la reproducción de la especie… y si son muy pequeños, dejan menos ganancia. Y más aún con una flota española que paga grandes sumas para pescar calamar, y deben cancelar sus campañas. Y más aún, con la mitad de la flota prácticamente nueva, con los costos de renovar los buques a medio pagar, la situación puede ser complicada para los que saquean nuestro océano.

El Loligo solo es pescado en las Malvinas por flotas españolas y británicas. Los barcos argentinos no pescan esta especie. Por lo tanto, ese descalabro es enteramente culpa de los ocupantes. Por ese motivo, y al ser el Loligo la segunda especie que más ganancias genera (casi veinte millones de dólares), es tan importante para los ocupantes, que el petróleo se vuelva la salvación.

Sea Lion: la apuesta petrolera

Gran Bretaña encontró petróleo en Malvinas hacia 2010, en particular en un yacimiento al norte de las islas llamado León Marino (Sea Lion). Según los informes de las empresas involucradas, la israelí Navitas y la británica Rockhopper, en León Marino habría cerca de 520 millones de barriles de petróleo recuperables, que dejarían al gobierno de ocupación una ganancia de más de 5 mil millones de dólares en regalías e impuestos corporativos. Los británicos obtendrían un 9% en concepto de regalías sobre los ingresos brutos y un 26% de impuesto de sociedades sobre los beneficios de las compañías petroleras. Con esos ingresos, tendrían mejores condiciones de las que ya tienen para seguir sosteniendo su ocupación.

Mapa de ubicación del yacimiento petrolero Sea Lion al norte de las Islas Malvinas
Sea Lion, ubicado al norte de Malvinas, es el principal proyecto petrolero asociado a las islas y una de las apuestas económicas más importantes para diversificar sus ingresos.

¿Cómo extraerían el petróleo? A diferencia de la imagen que nosotros tenemos, de plataformas petroleras con torres altas en el medio del mar, Navitas y Rockhopper extraerían petróleo con barcos que poseen perforadores y mangueras llamados FPSO, que también procesan y almacenan el hidrocarburo, para su venta.

¿Quiénes están detrás de estas empresas? Capitales de Israel, uno de los pocos aliados del actual Gobierno argentino; de Gran Bretaña; una empresa canadiense llamada JHI, que realiza las exploraciones y perforaciones; y, obviamente, una serie de fondos financieros especulativos de distintos países, que aportaron el dinero para financiar las actividades en el Atlántico Sur. Cuando los capitales financieros entran a la ecuación, la red de apoyos se vuelve mucho más intrincada y más difícil de seguir.

La salmonicultura: otra apuesta económica

A pesar de todo esto, hay otra canasta más, llamada “salmonicultura”. Todavía no se aplica.

No hay salmones comerciales en Malvinas, sino que capitales de Dinamarca asociados con isleños buscan instalar granjas para criar peces cerca de las costas de las islas, en particular de la Base de Monte Agradable. Estas granjas permitirían criar cerca de 50 mil toneladas de salmones, con lo que los ocupantes de nuestras islas obtendrían cerca de 47 millones de dólares en ingresos. El gran problema que esto implica, es que en todos lados donde se desarrolló la cría del salmón hubo consecuencias devastadoras para el medio ambiente; desde escapes de peces que puedan alterar los ecosistemas y depredar al calamar Loligo, hasta la muerte de la vida en el lecho marino por la sobreabundancia de desechos de salmones, restos de antibióticos y alimentos balanceados.

A pesar de todas estas posibilidades, Malvinas sigue siendo un gasto para el contribuyente británico. La defensa y la seguridad de las islas siguen dependiendo de la Corona británica. Según cálculos propios, la Base de Monte Agradable, los 1.500 soldados que viven en el complejo (de mínima), su alimento, sueldos, equipamiento y el funcionamiento de aviones y barcos, le cuesta al británico de a pie cerca de 143 millones de dólares anuales. Y sostener las islas, al británico de a pie no le sirve de nada ni le da ningún beneficio. Pero, ¿Y los calamares? ¿Y los peces?

En su gran mayoría, según los últimos datos disponibles, las exportaciones de pesca van a España (82,3%), Estados Unidos (6,3%), Namibia, Marruecos y Japón. El consumidor británico no se ve beneficiado para nada con la situación actual. Pero otras empresas e intereses sí.

Una red de intereses que excede a Londres

Si las Malvinas solo dependieran de los aportes de la Corona, sería poco más que esperar a que a Londres no le den los números y decidan cederlas a nosotros. Pero no es así, primero porque salvo causas excepcionales, los británicos no ceden. Segundo, porque la economía de las islas ocupadas es robusta, y con posibilidades de serlo aún más.

Es muy difícil pensar en recuperar las Malvinas si no vemos a quién favorece la situación actual. La economía mueve buena parte del mundo, y es hora de pensar en cómo la usamos para poder acercarnos a recuperar el pleno uso de nuestro territorio.

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