El petróleo venezolano en disputa: ¿hasta dónde podrá llegar la neutralidad de la OPEP?

América Latina y el Caribe

Por Camila Abbondanzieri
Rosario, Argentina


“Vamos a tomar el petróleo”, proclamó Donald Trump después de la ofensiva militar de enero de 2026 que terminó con la captura del ex presidente venezolano Nicolás Maduro. Esta declaración no fue una metáfora. Trump anunció que Venezuela debería entregar entre 30 y 50 millones de barriles de crudo directamente a mercados estadounidenses, que serían vendidos y cuyo ingreso sería controlado por la Casa Blanca (Sherman, 2026). Esta decisión, respaldada por reuniones con directivos de petroleras y medidas de supervisión energética, pone en el centro de la agenda internacional un aspecto que parecía un relicto del pasado: el petróleo venezolano como activo estratégico bajo la órbita directa de una potencia extranjera.

Este episodio inédito pone de relieve una tensión profunda que se sintetiza en el siguiente interrogante: ¿hasta qué punto puede un organismo técnico escapar a las dinámicas de la geopolítica cuando uno de sus miembros atraviesa una crisis política severa que afecta no solo su producción, sino también el control efectivo sobre sus recursos estratégicos? La pregunta, lejos de ser abstracta, es clave para entender el lugar de Venezuela en la geopolítica del petróleo y en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), institución que el país sudamericano ayudó a crear y consolidar.

A partir de este interrogante, la entrada se propone recorrer tres ejes: en primer lugar, el rol histórico de Venezuela como potencia petrolera y actor central en la conformación de la OPEP; en segundo lugar, la tradición institucional del organismo frente a las crisis políticas internas de sus miembros; y, finalmente, las particularidades del caso venezolano actual, que parecen tensionar como pocas veces antes los límites entre lo técnico y lo geopolítico.

Venezuela y el petróleo: de miembro fundador a recurso disputado

Venezuela ocupa un lugar singular en la historia del petróleo global. Desde la primera mitad del siglo XX, el crudo venezolano, con reservas probadas que superan los 300 mil millones de barriles, la mayor cifra conocida en el mundo, fue un motor económico y un factor de poder internacional.

En la década de 1950, el Estado venezolano comenzó a reclamar una mayor participación en las ganancias del petróleo, elevando impuestos y renegociando las condiciones de explotación con las grandes compañías internacionales. Bajo la presidencia de Carlos Delgado Chalbaud y luego con Marcos Pérez Jiménez, este proceso se consolidó con la Ley de Hidrocarburos de 1943 y, especialmente, con el principio del “fifty-fifty”, que estableció una distribución equitativa de la renta petrolera entre el Estado y las empresas concesionarias (Cardozo-Uzcátegui, 2025). Este cambio de paradigma fue decisivo para reposicionar a Venezuela como referente internacional en materia de soberanía sobre los recursos naturales.

Ese liderazgo se proyectó más allá de sus fronteras. Junto con Irán, Arabia Saudita, Irak y Kuwait, Venezuela fue uno de los miembros fundadores de la OPEP en 1960, y su diplomacia petrolera fue clave para que la organización no quedara encapsulada como un bloque exclusivamente árabe, sino que asumiera una vocación global en la coordinación de políticas petroleras entre países productores (Darias, 2022).

Durante décadas, la presencia venezolana en la OPEP se mantuvo firme, no siempre como primer productor, pero sí como portavoz histórico de una concepción soberana del petróleo. Sin embargo, ese rol operativo fue variando en función de su capacidad productiva interna. Por problemas estructurales, gestiones erráticas y sanciones internacionales, la producción venezolana se redujo de unos 3,5 millones de barriles diarios en 1999 a cifras significativamente menores en las últimas décadas, aunque su estatus simbólico y político dentro de la OPEP se sostuvo (Cardozo, 2024).

Incluso en contextos de caída productiva, Venezuela continuó siendo percibida dentro del organismo como un miembro “natural”, cuya pertenencia no estaba sujeta a discusión, sino asociada a una trayectoria histórica fundacional difícil de sustituir.

La OPEP frente a crisis políticas internas: tradición de neutralidad técnica

Una de las características más persistentes de la OPEP ha sido su orientación técnica y económica para coordinar niveles de producción, influir en los precios del crudo y establecer marcos de cooperación entre sus miembros, evitando pronunciamientos explícitos sobre crisis políticas internas. Incluso durante periodos de golpes de Estado, dictaduras o conflictos en países miembros, la OPEP ha preferido no pronunciarse políticamente para mantener la cohesión interna y concentrarse en variables productivas (Wirl, 2009).

Por ejemplo, durante las prolongadas crisis en Irán tras la Revolución Islámica de 1979, las sucesivas guerras y sanciones que afectaron a Irak desde la década de 1980, o la inestabilidad crónica en Libia a partir de 2011, la OPEP evitó pronunciarse públicamente sobre la legitimidad de los gobiernos o los conflictos internos. Frente a estos episodios, su lógica fue eminentemente técnica, actuando no como foro de deliberación política, sino como espacio de coordinación entre productores.

Este principio ha sido parte de la forma de conducción histórica de la OPEP. En términos generales, la crisis de un miembro se procesa en la esfera de los mercados mediante ajustes de cuotas, compensaciones productivas y no en la arena política. Así, aunque las crisis internas afectan inevitablemente la oferta y los ingresos, el organismo ha intentado aislar su funcionamiento institucional de las disputas políticas domésticas siempre que ha sido posible.

El caso venezolano: ¿una nueva frontera para la OPEP?

Lo que está ocurriendo actualmente en Venezuela pone en cuestión esa tradición de “neutralidad técnica”. La acción de una potencia externa como Estados Unidos, que no solo interviene en la política interna venezolana sino que declara abiertamente su intención de controlar y decidir sobre la comercialización del crudo, constituye una situación sin precedentes en la historia de la OPEP. No se trata simplemente de sanciones económicas o de fluctuaciones de mercado, sino de una reconfiguración del mando efectivo sobre un recurso estratégico.

En este contexto, el propio gobierno venezolano ha llevado la disputa al interior del bloque. A través de una comunicación formal dirigida al secretario general de la OPEP y a los países miembros de la OPEP+, Nicolás Maduro solicitó apoyo político para frenar lo que calificó como una “agresión” de Estados Unidos, advirtiendo que la injerencia externa y la presión militar estadounidense ponen en riesgo la estabilidad de la producción petrolera venezolana y del mercado energético global (Deutsche Welle, 2025). Esta apelación explícita a la OPEP refuerza la idea de que la crisis actual ya no puede ser contenida dentro de los márgenes de la neutralidad técnica que históricamente caracterizó al organismo.

Trump ha dejado claro que busca involucrar a grandes petroleras estadounidenses para reparar la infraestructura energética venezolana y extender la influencia de Estados Unidos en su industria petrolera. Incluso ha sugerido que los ingresos derivados de la venta del petróleo sean administrados por Washington, bajo el argumento de beneficiar tanto al “pueblo venezolano” como a la economía estadounidense (Sanger et al., 2026).

Esta intervención dual (política y económica) redefine el problema para la OPEP. Por primera vez, un miembro en crisis no solo enfrenta un colapso productivo, sino que otro Estado reclama autoridad directa sobre su recurso estratégico. Esto tiene implicancias que trascienden la relación bilateral y alcanzan a la estructura misma del mercado petrolero global. La posibilidad de que Estados Unidos influya en la producción y distribución del crudo venezolano por fuera de los mecanismos tradicionales de la OPEP obliga a replantear el alcance real del organismo.

De hecho, esta estrategia estadounidense se despliega mientras la OPEP+ (el formato ampliado del bloque) decide mantener niveles de producción sin cambios, incluso en medio de esta reconfiguración, lo que evidencia las tensiones entre la lógica interna del bloque y las fuerzas geopolíticas externas que hoy intervienen de manera directa (Smith et al., 2026).

Paradojas del presente y lecciones para el futuro

La paradoja es clara: un organismo diseñado para coordinar políticas entre productores soberanos enfrenta ahora un escenario donde la soberanía misma sobre el recurso está en disputa. Si el fundamento de la OPEP es que los países productores decidan colectivamente sobre la oferta y el precio de su crudo, ¿qué ocurre cuando un Estado externo asume el control de facto de la producción de uno de sus miembros?

Este caso expone tensiones que la OPEP, por su propia naturaleza y mandato, no estaba estructuralmente preparada para gestionar. La tradición de evitar pronunciamientos políticos choca con una intervención geopolítica explícita que altera no solo la producción venezolana, sino también la percepción global de quién decide sobre ese petróleo. ¿Sigue siendo la OPEP un actor relevante cuando las decisiones sobre cuotas y flujos pueden quedar determinadas por actores ajenos al bloque?

Responder a esta pregunta es una forma de entender cómo se articula hoy el poder energético en un mundo donde la política internacional y los mercados están cada vez menos separados. En ese sentido, la trayectoria venezolana dentro de la OPEP no es solo la historia del auge y declive de un productor petrolero, sino una ventana privilegiada para repensar los límites y posibilidades de la cooperación técnica en un contexto de creciente confrontación geopolítica.

Referencias

Cardozo, E. (2024). Las Relaciones Exteriores de Venezuela entre 1999 y 2021: Recordatorio, Reflexión y Aliento. Cuadernos Unimetanos, (45), 1-16.

Cardozo-Uzcátegui, A. (2025). Between Energy Neocolonialism and the Cold War: A Comparative Analysis of Oil Nationalism in Venezuela and Iran (1948-1979). Revista Relaciones Internacionales, 98(2), 43-70.

Darias, R. P. (2022). La Venezuela de la inversión externa petrolera en el siglo XX. Cuadernos del Cendes, 39(109), 141-149.

Deutsche Welle. (2025, 30 de noviembre). Venezuela pide ayuda a la OPEP para detener “agresión” de EE.UU. DW. Recuperado de https://www.dw.com/es/venezuela-pide-ayuda-a-la-opep-para-detener-agresi%C3%B3n-de-eeuu/a-74960048

Sanger, D. E., Pager, T., Rogers, K., & Kanno-Youngs, Z. (2026, 8 de enero). Trump interview: U.S. oversight of Venezuela could last for years. The New York Times. Recuperado de https://www.nytimes.com/2026/01/08/us/politics/trump-interview-venezuela.html

Sherman, N. (2026, 7 de enero). U.S. will control Venezuela oil sales “indefinitely,” official says. BBC News. Recuperado de https://www.bbc.com/news/articles/ckgn7p7g79wo

Smith, G., Bartenstein, B., El Wardany, S., Razzouk, N., & MacDonald, F. (2026, 4 de enero). OPEP+ reafirma su plan de mantener estable el flujo de petróleo en medio de las tensiones. Bloomberg Línea. Recuperado de https://www.bloomberglinea.com/mercados/opep-reafirma-su-plan-de-mantener-estable-el-flujo-de-petroleo-en-medio-de-las-tensiones/

Wirl, F. (2009). OPEC as a political and economical entity. European Journal of Political Economy, 25(4), 399-408.


Sobre la Autora

Camila Abbondanzieri
Rosario, Argentina

Becaria CONICET.
Doctoranda en Relaciones Internacionales (UNR).
Magíster en Integración Regional y Cooperación Internacional (UNR).
Miembro de REDAPPE.

📲 Instagram: @camiabbondan

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