Acuerdo entre Estados Unidos e Irán: claves del memorando

Estados Unidos e Irán iniciaron negociaciones en Suiza para avanzar hacia un posible acuerdo tras meses de guerra. El memorando de 14 puntos aborda sanciones, petróleo, el estrecho de Ormuz, el programa nuclear iraní y el conflicto con Israel. En este artículo analizamos qué se negoció realmente, quiénes participan y por qué el acuerdo sigue siendo extremadamente frágil.

Estados Unidos e Irán pactaron en Suiza una hoja de ruta para alcanzar en 60 días un acuerdo que ponga fin al conflicto en Medio Oriente (REUTERS)

La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán empezó el 28 de febrero de 2026 con bombardeos sorpresa sobre ciudades iraníes mientras todavía había negociaciones diplomáticas en curso. Casi cuatro meses después, las dos potencias se sentaron en Suiza para discutir un memorando de entendimiento de 14 puntos. Vale aclarar algo antes de entrar en el detalle: este memorando no es un tratado de paz. Es una hoja de ruta de 60 días para llegar a un acuerdo definitivo, y cualquiera de las dos partes puede levantarse de la mesa en cualquier momento. De hecho, ya pasó: la delegación iraní abandonó las conversaciones al menos una vez por declaraciones de Trump sobre un posible ataque por el apoyo iraní a Hezbolá.

Dicho esto, el contenido del memorando ya da para pensar bastante sobre cómo se construye el poder en el sistema internacional contemporáneo.

Quién está en la mesa (y quién no)

Por Washington: el vicepresidente JD Vance, el enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno de Trump. Por Teherán: el ministro de Exteriores Abbas Araghchi y el presidente del Parlamento Mohammad Bagher Ghalibaf. Como mediadores, Qatar y Pakistán, con Omán cumpliendo un rol de facilitación adicional en lo que respecta al estrecho de Ormuz.

Israel no está sentado en esa mesa. Y ese dato, lejos de ser un detalle protocolar, es la clave para entender por qué este memorando puede no sobrevivir.

Los puntos centrales

Ormuz y el bloqueo naval. Estados Unidos se compromete a levantar su bloqueo naval contra Irán en un plazo de 30 días, y a retirar fuerzas de las proximidades iraníes en igual plazo tras un acuerdo definitivo. Irán, por su parte, garantiza paso seguro y sin cargo para buques comerciales durante 60 días por el estrecho. Acá hay una disputa de fondo que no está resuelta: un memorando filtrado por la agencia iraní Fars le otorgaría a Teherán un rol consultivo, junto con Omán, sobre la futura administración del estrecho. Trump lo rechaza de plano —insiste en que solo Washington puede cobrar peajes ahí si no hay acuerdo— porque Ormuz es la arteria por donde circula una porción enorme del petróleo mundial, y ceder esa llave de paso a Irán altera la lógica de control naval que Estados Unidos viene ejerciendo en la región desde hace décadas con la Quinta Flota.

Petróleo y sanciones. El Departamento del Tesoro otorgaría exenciones inmediatas para la exportación de petróleo crudo iraní y derivados, incluyendo transacciones bancarias, seguros y transporte. Es el punto que más le importa a Teherán: décadas de sanciones asfixiaron su economía, y la posibilidad de volver a vender petróleo sin restricciones es, literalmente, la diferencia entre sobrevivir y colapsar.

Activos congelados. Estados Unidos se compromete a poner a «plena disposición» los fondos y activos iraníes congelados o restringidos. Varias fuentes mencionan también un fondo internacional de reconstrucción de al menos 300.000 millones de dólares, financiado junto a aliados regionales de Washington. Ese número circula en varios medios pero todavía no hay confirmación oficial sobre su forma final ni quién lo integraría exactamente, así que conviene tomarlo como una cifra en discusión, no como un hecho consumado.

Programa nuclear. Irán reafirma que no va a desarrollar armas nucleares, mantiene el statu quo de su programa mientras dura la negociación, y acepta discutir un mecanismo —bajo supervisión del OIEA— para la disposición de sus reservas de uranio enriquecido. La metodología mínima mencionada es la dilución in situ. Lo que no está resuelto, y es el corazón de cuatro décadas de conflicto, es si Irán conserva o no el derecho a enriquecer uranio en algún nivel. El memorando lo deja pendiente para el «acuerdo final».

Líbano. Es la cláusula que más tensiona todo el proceso. El texto exige el cese «inmediato y permanente de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano». Irán condicionó explícitamente avanzar en la negociación nuclear a que Israel deje de atacar a Hezbolá en el sur libanés. Israel no lo está haciendo.

El actor que no firmó nada y puede romperlo todo

Acá está el punto que más me interesa señalar, porque es el que mejor explica cómo funciona el poder real en esta negociación. Israel no es parte del memorando, no lo firmó, y sin embargo tiene capacidad de voltearlo. Netanyahu rechazó desde el principio cualquier acuerdo de paz con Irán (según reportó después el New York Times, ya en febrero había ido a la Casa Blanca con el director del Mosad, David Barnea, a presionar para que Trump no firmara nada) Y mientras Washington negocia activos congelados y exenciones petroleras en Suiza, Israel sigue bombardeando el sur del Líbano, captura posiciones como el castillo de Beaufort, y su ministro de Defensa anuncia que va a atacar Beirut si Hezbolá responde.

La pregunta de fondo no es si Netanyahu está dispuesto a sabotear el acuerdo. Es por qué Estados Unidos negocia un memorando que depende del comportamiento de un tercer actor al que no logra disciplinar. Trump le reclamó públicamente a Netanyahu un «toque más suave» con Hezbolá, lo cual ya es un dato inusual en la relación bilateral. Pero la presión pública no se tradujo, hasta donde se sabe, en un freno real sobre el terreno.

Esto conecta con algo que venimos repitiendo en este espacio: la ficción de que Estados Unidos controla unilateralmente la arquitectura de seguridad en Medio Oriente. Israel no actúa como un subordinado de Washington. Actúa como un socio con agenda propia, que en este caso considera que neutralizar a Hezbolá es una cuestión existencial y que ningún memorando firmado por otros le va a poner límites a su libertad operativa.

Quién gana y quién pierde, hasta ahora

Irán logró lo que buscaba a nivel discursivo: presentar el memorando como una victoria, con Pezeshkian llamándolo «un documento histórico». Pero la victoria es parcial y condicionada. Obtiene alivio económico, sí, pero a cambio de dejar pendiente para más adelante la cuestión que más le importa a su soberanía: el derecho a enriquecer uranio.

Estados Unidos consigue lo que necesita para estabilizar el precio del petróleo y bajar la tensión regional antes de que se le complique más la situación interna. Pero queda atado a un Israel que no respeta los tiempos de la negociación.

Y la región entera, con Gaza y Líbano en primer lugar, sigue pagando el costo humano de un conflicto que estas negociaciones no terminan de cerrar, mientras la diplomacia avanza en salones con vista al lago de Lucerna.

Paula Villaluenga
Directora de Chicas en RRII
Tucumán, Argentina
Licenciada en Relaciones Internacionales, Diplomada en Inclusión Social y Acceso a Derechos (OEA). Directora de Chicas en RRII.

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