Hamás disuelve su gobierno en Gaza: qué significa

Hamás anunció la disolución de su gobierno de emergencia en Gaza. Israel lo llamó maniobra mediática y la Junta de Paz de Trump pidió hechos, no promesas.

Hamas anuncia su disolución en conferencia de prensa.

Este lunes, Ismail al Thawabta, jefe de la oficina de medios del gobierno de Hamás, confirmó desde el hospital Al Aqsa de Deir al Balah algo que buena parte de la prensa internacional resumió en pocas horas en un titular prolijo: el fin del gobierno que administró Gaza durante casi dos décadas. Mohammed al Farra, presidente del Comité de Emergencia creado tras el 7 de octubre de 2023, presentó la renuncia. El comité quedó oficialmente disuelto. La administración civil de la Franja debería pasar ahora al Comité Nacional para la Administración de Gaza, el NCAG.

La reacción de las dos partes que más peso tienen en esta historia llegó casi al mismo tiempo que el anuncio, y ninguna de las dos lo recibió como un gesto suficiente. Una fuente del gobierno israelí citada por Canal 11 lo calificó de maniobra mediática sin significado real. La Junta de Paz de Donald Trump tomó nota del anuncio pero fue clara en que su evaluación va a depender de hechos concretos, no de promesas. Cuando el gobierno que supuestamente se retira y el organismo que debería reemplazarlo coinciden en tratar el anuncio con la misma desconfianza, conviene prestarle atención a esa coincidencia.

📌 IDEA CLAVE
Vacancia de poder. En derecho y ciencia política, se llama así a la situación en la que un cargo o función de gobierno queda formalmente sin titular, sin que exista todavía quien lo ocupe en la práctica. Gaza entra hoy en ese estado. El gobierno de Hamás se disolvió, pero el organismo llamado a reemplazarlo no puede ingresar al territorio. No hay transición de poder en sentido estricto. Hay, por ahora, un vacío administrativo sostenido por un veto externo.

Un plan de veinte puntos que nadie termina de implementar

El NCAG no surgió de la nada. Es una pieza del plan que Trump impulsó para poner fin a la guerra en Gaza, negociado a través de la Junta de Paz que él mismo preside y que llevó al alto el fuego de octubre de 2025. Ese plan contempla el retiro gradual de tropas israelíes, el desarme de las facciones armadas palestinas y una fuerza internacional de estabilización que debía asegurar el territorio y permitir que el NCAG empezara a gobernar. Esa fuerza nunca se desplegó. Estados Unidos declaró en enero que ya regía la segunda fase del plan. Ocho meses después, sigue completamente frenada.

Ali Shaath, el funcionario palestino que encabeza el NCAG, escribió tras el anuncio que el comité está listo para asumir sus responsabilidades en cuanto estén disponibles los recursos y las capacidades necesarias, aunque puso una condición propia: necesita una ley única y una fuerza armada única bajo su mando. La Junta de Paz fue en el mismo sentido y repitió el principio que viene sosteniendo desde hace meses: una sola autoridad, una sola ley y un solo grupo armado en Gaza. Ese requisito, hoy, no existe en el territorio.

mapa de los cruces fronterizos de Gaza, Rafah y Kerem Shalom. FUENTE BBC
Mapa de los cruces fronterizos de Gaza, Rafah y Kerem Shalom. Fuente: BBC

Ni Hamás ni la Autoridad Palestina: el veto cruzado de Israel

Acá aparece el dato que la mayoría de las coberturas en español dejó afuera. Israel no solo descartó que Hamás siga gobernando Gaza. También rechazó, al menos por ahora, que la Autoridad Palestina, la misma que administra Cisjordania desde Ramala, tome el control directo del territorio. Israel vetó las dos opciones de gobierno palestino con estructura política propia que existen hoy, y dejó como única alternativa aceptable un comité de tecnócratas sin fuerza de seguridad propia, que además tiene la entrada bloqueada desde su creación.

Un alto cargo del buró político de Hamás, Mahmud Mardawi, fue directo en declaraciones a la agencia EFE: la administración de Gaza va a quedar vacante hasta que el comité nacional pueda entrar desde Egipto, y esa entrada depende exclusivamente de la voluntad de Israel. Consultado sobre si Israel permitiría el ingreso del NCAG sin que Hamás desmantele también su brazo armado, las Brigadas Al Qassam, Mardawi no respondió. Ese silencio puntual confirma que el desarme sigue completamente abierto, aunque el comunicado oficial de disolución no lo haya mencionado ni una vez.

📊 NÚMEROS QUE IMPORTAN
👉2007: año en que Hamás toma el control de Gaza tras enfrentamientos con Fatah
👉Octubre 2023: creación del Comité de Emergencia tras el ataque del 7 de octubre
👉Octubre 2025: alto el fuego negociado por la Junta de Paz de Trump
👉Enero 2026: creación del NCAG y entrada en vigor declarada de la segunda fase del plan
👉Julio 2026: disolución del Comité de Emergencia y renuncia de Mohammed al Farra
👉Israel amplió su ocupación de Gaza de poco más del 50% a más del 60% del territorio, con el objetivo declarado de llegar al 70%
👉1.072 palestinos muertos desde octubre pasado pese al alto el fuego formalmente vigente

Nota: estas dos últimas cifras fueron reportadas por El País y elDiario, y corroboradas de forma independiente por CNN citando el objetivo territorial declarado por Israel.

Lo que no cambia: quién sostiene los servicios públicos

Un detalle señalado por el corresponsal de Al Jazeera en Gaza, Hani Mahmoud, es clave: la disolución del gobierno civil no significa que Hamás renuncie a su rol político o militar en la Franja. Es un repliegue del gobierno civil directo, no una entrega de poder en sentido amplio. Del lado gazatí, Hamás fue explícito en un punto: todos los funcionarios públicos van a seguir prestando servicios con normalidad, ahora bajo la responsabilidad nominal del NCAG. La estructura burocrática que sostiene la vida cotidiana en Gaza no cambia de manos en la práctica. Cambia, por ahora, el nombre de la autoridad política que la supervisa en el papel.

Esa continuidad tiene una cara menos cómoda. Mientras negocia ceder la administración civil hacia afuera, Hamás reforzó su control puertas adentro en las zonas de Gaza que Israel no ocupa, y hace poco ejecutó a un palestino acusado de colaborar con Israel. El dato importa porque muestra que el movimiento conserva un poder coercitivo real, más allá de lo que negocia en la mesa diplomática. Esto no exime a Israel de su responsabilidad en el veto al NCAG ni en la expansión de la ocupación, pero sí complica cualquier lectura que presente la disolución como un gesto de buena voluntad sin matices.

Hospital Al-Nasser en Gaza, bombardeado por Israel.
Hospital Al-Nasser en Gaza, bombardeado por Israel.

Una jugada de presión con doble destinatario

El portavoz de Hamás, Hazem Qassem, fue directo sobre el objetivo del anuncio: quitarle a la ocupación cualquier pretexto para seguir con su ofensiva militar. Es una manera de decirle a los mediadores internacionales, y en particular a Washington, que la responsabilidad por el estancamiento ya no recae del lado de Hamás.

La respuesta israelí sugiere que esa jugada fue leída exactamente como lo que es: una maniobra de comunicación política, no un cambio de fondo en el terreno. Y la respuesta de la Junta de Paz, pidiendo hechos y no promesas, indica que ni siquiera el organismo diseñado por Washington para gestionar esta transición la considera todavía un paso real hacia la implementación. Disolver formalmente una estructura de gobierno tiene consecuencias diplomáticas concretas, sobre todo de cara a los mediadores egipcios y catarís que empujan la segunda fase del plan. Pero eso no lo vuelve el cierre de un capítulo. Es un movimiento en la mesa de negociación.

Khalil Al Hayya, funcionario de Hamas, se sienta en una casa de duelo por el jefe de Hamas asesinado, Ismail Haniyeh, en Doha, Qatar, el 2 de agosto de 2024 Reuters
Khalil Al Hayya, funcionario de Hamas, se sienta en una casa de duelo por el jefe de Hamas asesinado, Ismail Haniyeh, en Doha, Qatar, el 2 de agosto de 2024 Reuters

El nudo que ningún comunicado resuelve

Ni el comunicado de Al Thawabta ni las declaraciones de Qassem mencionaron una sola vez el desarme de las Brigadas Al Qassam. Esa omisión no es casual. Un politólogo consultado por medios internacionales lo resumió con precisión: el problema nunca fue la disolución del comité de gobierno, sino la aceptación del desarme, que sigue siendo el principal punto de bloqueo. Israel lo exige como condición. Hamás lo condiciona, a su vez, a la retirada militar israelí del territorio gazatí. Mientras ese doble condicionamiento no se mueva, la administración civil de Gaza, sea Hamás, sea el NCAG, sea cualquier otro arreglo, va a seguir operando sobre una base política incompleta.

Lo que queda no es una transición de poder consumada sino una vacancia sostenida por varios actores con agendas distintas: Hamás, que usa la disolución como palanca diplomática mientras conserva poder coercitivo en el territorio que controla; Israel, que veta tanto a Hamás como a la Autoridad Palestina y expande su ocupación militar en simultáneo; y una Junta de Paz que observa desde afuera y todavía no valida el gesto como suficiente. La Franja de Gaza, mientras tanto, sigue gobernada de facto por la misma estructura burocrática de siempre, ahora bajo un nombre distinto en el papel. Y ese papel, para volverse territorio real, todavía necesita algo que ninguna de las partes está dispuesta a ceder primero.

📚 QUIÉN ES QUIÉN
👉Ismail al Thawabta, jefe de la oficina de medios del gobierno de Hamás, anunció la disolución
👉Mohammed al Farra, expresidente del Comité de Emergencia, presentó la renuncia
👉Hazem Qassem, portavoz de Hamás, justificó la decisión ante la prensa internacional
👉Ali Shaath, funcionario palestino, encabeza el NCAG
👉Nickolay Mladenov, alto representante de la Junta de Paz de Trump, supervisa el proceso desde afuera
👉Mahmud Mardawi, miembro del buró político de Hamás, confirmó que la administración queda vacante hasta que Israel autorice la entrada del NCAG
Paula Villaluenga
Directora de Chicas en RRII
Tucumán, Argentina
Licenciada en Relaciones Internacionales, Diplomada en Inclusión Social y Acceso a Derechos (OEA). Directora de Chicas en RRII.

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