Kiev y Moscú, ¿por qué?

Europa

Las justificaciones por el conflicto bélico más impactante del primer cuarto del siglo XXI

José Eduardo Freire Salazar

Estudiante de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales – Universidad Espíritu Santo

Columnista de Enfoque EC

Resumen

Este trabajo analiza las causas de la guerra entre Rusia y Ucrania iniciada en febrero de 2022 a partir de un enfoque comparado entre fuentes históricas, discursos oficiales y literatura académica occidental y rusa. 

El estudio sitúa el conflicto en un contexto de largo plazo marcado por la cuestión de Crimea, la crisis de 2014 y la progresiva reconfiguración del sistema de seguridad europeo. Se examinan, por un lado, las justificaciones del Kremlin, centradas en la autodefensa, el artículo 51 de la Carta de la ONU y conceptos como “desmilitarización” y “desnazificación”, y, por otro, las interpretaciones de la academia occidental, que oscilan entre explicaciones basadas en el liderazgo ruso, el imperialismo y la dinámica de regímenes, y aquellas que subrayan el papel de la expansión de la OTAN. 

Asimismo, se incorporan perspectivas académicas rusas que entienden la guerra como resultado de estrategias de largo plazo de las grandes potencias y de la percepción de Ucrania como una amenaza estratégica. El análisis concluye que el conflicto no puede explicarse por una causa única, sino por la interacción entre factores estructurales de seguridad, decisiones políticas del liderazgo ruso y disputas sobre la orientación geopolítica de Ucrania, mientras que los elementos económicos aparecen como factores secundarios más que determinantes.

Contexto histórico

En 1954, Nikita Jrushchov, líder de la Unión Soviética, transfirió la región de Crimea de la RSS 1de Rusia a la RSS de Ucrania. Esta decisión se justificó oficialmente por las similitudes económicas, la proximidad territorial y los vínculos de comunicación y culturales existentes entre ambos territorios, además de presentarse como un acto simbólico entre ambas repúblicas socialistas, destinado a representar su supuesta “eterna vinculación” (Siegelbaum, 2014). 

No obstante, en 2014, la Federación Rusa alteró de manera significativa la dinámica de la región al intervenir en Crimea. De acuerdo con la BBC (2022), Moscú justificó esta acción como una medida destinada a proteger a la población crimea frente a supuestos “extremistas” que habían asumido el poder en Kiev y que, según el discurso ruso, amenazaban el uso del idioma ruso en el territorio.

De este modo, sobre la base de estos acontecimientos, el 24 de febrero de 2022 se inició la denominada “Operación Militar Especial” entre Rusia y Ucrania, un conflicto que se ha extendido por más de 1.400 días.

La justificación del Kremlin

Ese mismo día de la invasión, el Representante Permanente de Rusia ante las Naciones Unidas, Vassily Nebenzia, remitió una carta al Consejo de Seguridad2, en la que se incluía un discurso de Vladimir Putin.

El discurso, en términos generales, justifica la invasión como una respuesta defensiva frente a una amenaza acumulada contra la seguridad de Rusia, afirmando que “la maquinaria bélica se ha puesto en marcha (…) se acerca a nuestras propias fronteras”.

La tesis central advierte que actuará al amparo del artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas3, y a petición de Donetsk y Lugansk4 para llevar a cabo una “operación militar especial”, utilizando términos como “protección”, “desmilitarización” y “desnazificación” para justificar la acción, insistiendo además en que “no forma parte de nuestros planes ocupar territorios ucranianos” ni “imponer nada a nadie por la fuerza” (Nebenzia, 2022).

La academia de Occidente

El exembajador de EE. UU. en Rusia, Michael McFaul, y el profesor de West Point5, Robert Person, en el artículo Why Putin Invaded Ukraine6, concuerdan con Snyder sobre la no culpabilidad de la OTAN, ya que “no había ningún movimiento en marcha para ofrecer a Ucrania la membresía atlántica en ese momento”, y, más bien, ofrecen un contrapunto sobre el imperialismo ruso: “Una Rusia menos poderosa, una Rusia más democrática o una Rusia gobernada por un líder distinto de Putin habría sido menos imperial y menos belicosa” (McFaul & Person, 2024).

Aun con esto, su argumento principal se basa en tres ejes: la mala percepción de poder entre Rusia y Ucrania, que pudo proporcionar “una condición necesaria y permisiva para iniciar esta guerra”, ya que Rusia era el Estado “fuerte” y Ucrania el “débil”; además, un razonamiento preventivo de “mejor ahora que después”, asociado al cálculo de que las condiciones futuras podrían volverse menos favorables; las diferentes trayectorias de los regímenes en los últimos 20 años, dado que Rusia se volvió más autocrática y Ucrania más democrática, afirmando que “Putin gobierna ahora desde una cámara de eco cada vez más aislada de la realidad”; y, por último, el personalismo de Putin, en el cual declaran que él ve a Ucrania como “rusos con acento” y que “el Estado de Ucrania es una construcción artificial que no debería existir (según Putin)” (McFaul & Person, 2024).

No obstante, el académico del realismo ofensivo John J. Mearsheimer, respecto al conflicto en curso, publicó en 2024 el artículo Who Caused the Ukraine War?7, en el cual resalta el rol de la OTAN, ya que, a su criterio, “todos los líderes rusos consideran (a la alianza) una amenaza existencial que debe ser eliminada”. Asimismo, argumenta que Rusia percibe como amenazas tres ejes: la membresía ucraniana en la esfera transatlántica, su integración en la Unión Europea y su transformación hacia una democracia liberal; por lo tanto, Rusia lanzó una guerra preventiva (Mearsheimer, 2024).

Además, alude a lo que la alianza transatlántica reiteró en 2021: “Reafirmamos la decisión adoptada en la Cumbre de Bucarest de 2008 de que Ucrania se convertirá en miembro de la Alianza”; esto, junto con los ejercicios militares y el suministro de armamento, fue percibido en Rusia como “una amenaza existencial que no podían permitirse” (Mearsheimer, 2024).

La academia de Rusia

Dmitri Danilov, jefe del Departamento de Seguridad Europea del Instituto de Europa de la Academia de Ciencias de Rusia, expone en su artículo В НАТО делают расчет на истощение и побед8у que la alianza no solo estaría en el origen del conflicto, sino que habría venido preparándose de forma sostenida desde 2014, intensificando progresivamente su cooperación con Ucrania. Desde esta perspectiva, la crisis ucraniana se inserta en una lógica de intereses estratégicos de Estados Unidos, aunque el propio Danilov aclara que la operación rusa no puede entenderse como un “regalo” directo para Washington (Danilov, 2023).

Asimismo, plantea que el recurso a la fuerza se produjo cuando las vías políticas quedaron prácticamente cerradas, señalando que “las opciones de aplicar los Acuerdos de Minsk, reducir la escalada y redefinir el sistema de seguridad europeo estaban, en los hechos, agotadas” dejando a Rusia con un “margen limitado de opciones”. Finalmente, subraya el carácter “irreversible” del escenario actual, afirmando que Ucrania pasó a ser no solo un espacio de combates, sino también un ámbito central de planificación militar para ambas partes (Danilov, 2023).

Por su parte, Vasiliy Kashin, politólogo y miembro del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales, sostiene en su artículo Первый год большой войны9 que la guerra debe entenderse como la materialización de estrategias de largo alcance de Estados Unidos y Rusia. Asimismo, el conflicto está condicionado por la interacción de ambos actores y, en particular, por el objetivo ruso de impedir que Ucrania se consolide como una “Anti-Rusia”. En ese marco, Kashin afirma que el enfrentamiento era prácticamente inevitable, ya que postergar su inicio “solo habría empeorado la correlación de fuerzas y aumentado las pérdidas” (Kashin, 2023).

Como cierre de su argumentación, señala que la decisión de recurrir a la fuerza no generaba dudas en Moscú debido a la acelerada militarización de Ucrania y al creciente nivel de cooperación con la OTAN. Ineditamente, admite errores del lado ruso, al reconocer una reacción tardía frente a la transformación interna de la sociedad ucraniana, particularmente “el aumento del nacionalismo y la consolidación de un consenso anti-ruso estable”, lo que derivó en una preparación deficiente y precipitada para el conflicto (Kashin, 2023).

Conclusión

A partir de lo enmarcado, se observa cómo las distintas narrativas nacionales condicionan las explicaciones sobre el origen de la guerra, aunque existe una convergencia parcial sobre la disputa por la orientación estratégica de Ucrania dentro de la seguridad europea, en la que la OTAN es central, aunque no idéntico en cada interpretación.

En este sentido, puede sostenerse que la OTAN contribuyó a establecer una estructura de confrontación, al reforzar progresivamente su cooperación política y militar con Ucrania, lo que fue percibido por Rusia como una amenaza a su seguridad y a su posición en el Mar Negro, particularmente tras la consolidación del vínculo entre Kiev y Occidente después de 2014. 

No obstante, esta percepción no debe confundirse con una amenaza inmediata de intervención directa occidental, sino con el temor ruso a una integración gradual e irreversible de su vecino, Ucrania, en la alianza transatlántica.

Al mismo tiempo, reducir el conflicto a una reacción defensiva rusa frente a la OTAN también resulta insuficiente. La responsabilidad del liderazgo ruso no puede ser eludida, ya que las justificaciones oficiales basadas en la “desnazificación” y la “protección étnica” carecen de un sustento sólido y contrastan con el hecho de que, antes de 2022, Ucrania presentaba un sistema democrático imperfecto pero funcional.

Finalmente, aunque factores económicos y materiales, como el control de recursos estratégicos y el impacto de la guerra en mercados globales, en particular el agrícola, actúan más como objetivos secundarios que como causas primarias del estallido de la guerra.

Referencias

BBC. (2022, febrero 26). Rusia y Ucrania: Qué pasó en Crimea en 2014 (y por qué importa ahora). BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-60500020

Danilov, D. (2023, abril 13). В НАТО делают расчет на истощение и победу. https://russiancouncil.ru/analytics-and-comments/interview/v-nato-delayut-raschet-na-istoshchenie-i-pobedu/

Kashin, V. (2023, mayo 2). Первый год большой войны. https://russiancouncil.ru/analytics-and-comments/comments/pervyy-god-bolshoy-voyny/

McFaul, M., & Person, R. (2024). Why Putin Invaded Ukraine. En H. Brands (Ed.), War in Ukraine: Conflict, Strategy, and the Return of a Fractured World (p. 20). Johns Hopkins University Press. https://dx.doi.org/10.56021/9781421449845

Mearsheimer, J. J. (2024, agosto 5). Who Caused the Ukraine War? [Substack newsletter]. John’s Substack. https://mearsheimer.substack.com/p/who-caused-the-ukraine-war

Nebenzia, V. (2022, febrero 24). Carta de fecha 24 de febrero de 2022 dirigida al Secretario General por el Representante Permanente de la Federación de Rusia ante las Naciones Unidas. Naciones Unidas. https://documents.un.org/doc/undoc/gen/n22/268/19/pdf/n2226819.pdfSiegelbaum, L. (2014, marzo 10). The Gift of Crimea. https://web.archive.org/web/20140310012536/http://www.soviethistory.org/index.php?page=subject&SubjectID=1954crimea&Year=1954

  1.  Repúblicas Socialistas Soviéticas ↩︎
  2. Carta S/2022/154 ↩︎
  3. El artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas (1945) reconoce el derecho inherente a la legítima defensa, ya sea ejercida de manera individual o colectiva, frente a un ataque armado. ↩︎
  4. Donetsk y Lugansk eran óblasts de Ucrania. Desde 2014, partes de estos territorios quedaron bajo control de entidades separatistas autodenominadas Repúblicas Populares, cuya condición como Estado no ha sido reconocida por la mayoría de la comunidad internacional. ↩︎
  5.  El nombre no oficial de la Academia Militar de los Estados Unidos ↩︎
  6.  ¿Por qué Putin invadió a Ucrania? ↩︎
  7. ¿Quién causó la guerra en Ucrania? ↩︎
  8.  “En la OTAN apuestan por el desgaste y la victoria” ↩︎
  9.  “Primer año de la gran guerra” ↩︎

Sobre el autor

José Eduardo Freire Salazar (Guayaquil, Ecuador) es estudiante de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad Espíritu Santo. Además, es columnista de Enfoque EC.