Un lugar propio en la diplomacia: las mujeres argentinas frente al mundo

De las pioneras a las cancilleres: cómo las mujeres abrieron espacios en la diplomacia argentina y qué barreras persisten en los cargos de decisión.

Mujeres pioneras de la diplomacia argentina y del Servicio Exterior

En 1929, Virginia Woolf imaginó qué necesitaba una mujer para escribir, pensar y crear con libertad. La respuesta estaba en el título de su ensayo: Una habitación propia.

La metáfora hablaba de mucho más que una habitación. Hablaba de contar con un espacio propio, con autonomía y con una voz desde la cual intervenir en el mundo.

Casi un siglo después, la pregunta puede trasladarse a otro escenario: ¿qué significa tener un lugar propio cuando lo que está en juego es representar a un país frente al mundo?

Hoy, las mujeres forman parte del Servicio Exterior de la Nación, ocupan embajadas, integran misiones ante organismos internacionales y participan de negociaciones multilaterales. Tres mujeres llegaron, además, a conducir la Cancillería argentina: Susana Ruiz Cerutti, Susana Malcorra y Diana Mondino.

Pero para que ellas pudieran ocupar esos lugares, primero hubo otras que tuvieron que construir los suyos.

Antes de la diplomática, otras formas de representar

A finales del siglo XIX, la diplomacia no se desarrollaba solamente en oficinas oficiales. Los viajes, las relaciones personales, las recepciones y los vínculos culturales también formaban parte de la vida internacional.

En ese mundo aparece Eduarda Mansilla, quien acompañó a su esposo durante sus destinos diplomáticos en Washington y París y luego convirtió aquella experiencia en literatura y crónicas de viaje. No era diplomática de carrera ni ocupaba un cargo oficial, pero su recorrido muestra que las mujeres ya participaban de los circuitos internacionales mucho antes de ingresar formalmente al Servicio Exterior.

A comienzos del siglo XX, Ángela Oliveira Cézar impulsó la construcción del Cristo de los Andes como símbolo de paz entre Argentina y Chile. También fundó la Asociación Sud-Americana de Paz Universal y participó en espacios internacionales vinculados con el pacifismo.

Todavía no hablamos de diplomáticas profesionales. Hablamos de otras formas de representación: cultural, social y pacifista.

Mucho antes de que las provincias y ciudades argentinas comenzaran a crear áreas específicas de relaciones internacionales, también hubo mujeres que construyeron vínculos con el exterior desde espacios educativos, culturales y sociales. Es difícil llamar a esas experiencias “paradiplomacia” en el sentido institucional actual, pero permiten reconocer algo importante: la relación de la Argentina con el mundo nunca se construyó exclusivamente desde las oficinas del Estado nacional.

Mujeres pioneras de la diplomacia argentina y del Servicio Exterior.
La muestra Pioneras de la Diplomacia recupera documentos, fotografías y objetos de las mujeres que abrieron camino en el Servicio Exterior argentino.

Cuando la diplomacia se convirtió en una profesión

El siguiente gran cambio llegó con la incorporación de las mujeres al Servicio Exterior.

En 1947, Alicia Eguren se convirtió en la primera mujer nombrada para integrar el servicio exterior argentino. En 1958, Ángela Romera Vera fue designada embajadora en Panamá, convirtiéndose en la primera mujer argentina en alcanzar ese rango.

En 1964 llegó otro momento significativo: Lila Subirán de Viana y Martha Haydée Natale ingresaron en la primera promoción del Instituto del Servicio Exterior de la Nación.

Ya no se trataba solamente de participar de la vida diplomática desde espacios sociales o culturales. La diplomacia comenzaba a convertirse también en una carrera profesional para las mujeres.

Una de las trayectorias que mejor representa ese proceso es la de Susana Ruiz Cerutti. Con una extensa trayectoria en el Servicio Exterior y una especialización en derecho internacional, se convirtió en la primera mujer en conducir la Cancillería argentina.

Décadas después, Susana Malcorra llegó al mismo cargo luego de haber desarrollado una extensa trayectoria internacional, incluida su función como jefa de Gabinete del Secretario General de Naciones Unidas.

En 2023, Diana Mondino se convirtió en la tercera mujer en ocupar la Cancillería. Durante su gestión impulsó una agenda vinculada con la apertura comercial y la promoción de exportaciones, el proceso de adhesión de Argentina a la OCDE y una intensa agenda bilateral y multilateral. En 2024 encabezó reuniones sobre el acuerdo MERCOSUR-Unión Europea, participó en la reunión de cancilleres del G20 y realizó una gira que incluyó China, Francia, Bélgica y Portugal.

Tres nombres. Tres momentos políticos diferentes. Una transformación que tomó décadas.

¿Cuánto cambió el mapa?

Para medir esa transformación hay que mirar los números, pero también lo que esconden.

En 2020, 357 mujeres integraban el Servicio Exterior sobre un total de alrededor de mil diplomáticos de carrera y más de 300 funcionarias habían formado la Red de Diplomáticas Argentinas. Ese mismo año, un relevamiento de Chequeado registraba que 13 de las 85 embajadas argentinas estaban a cargo de mujeres: el 15%. En los consulados, la proporción era del 27%.

El dato corresponde a 2020 y no describe por sí solo la situación actual. Pero permite observar una diferencia importante: formar parte de la carrera diplomática no significa necesariamente ocupar los mismos espacios de representación.

Los datos más recientes muestran que el punto de entrada a la carrera se acerca cada vez más a una participación equilibrada. Para el concurso de ingreso al ISEN de 2026, el 50,1% de las personas inscriptas eran mujeres. Sin embargo, la proporción cambia cuando se observa la categoría de embajador: de los 12 funcionarios promovidos a ese rango con acuerdo del Senado en 2023, solo una era mujer.

La diferencia entre ambos datos resulta significativa. En el ingreso, las mujeres ya no aparecen como una excepción; en los niveles superiores, todavía son minoría.

También importa dónde se representa al país. Una investigación de la Universidad Torcuato Di Tella sobre las jefaturas de misión argentinas entre 2018 y 2020 encontró que las mujeres estaban subrepresentadas en destinos de mayor peso político y económico. Según ese estudio, mientras el 24% de los embajadores varones analizados fueron destinados a países miembros del G20, la proporción entre las mujeres fue del 9%.

No se trata de trasladar esos porcentajes directamente al presente. Su valor está en mostrar que no todos los destinos tienen el mismo peso político, económico o estratégico y que las diferencias pueden persistir incluso dentro de los niveles superiores de la carrera.

Mujeres de la Red de Diplomáticas Argentinas
La participación de las mujeres se acercó a la paridad en el ingreso a la carrera diplomática, aunque las diferencias persisten en los rangos y destinos superiores.

Una diplomacia que ocurre en más lugares

La representación internacional argentina no se agota en las embajadas. También se construye en espacios técnicos donde se discuten asuntos como energía nuclear, no proliferación, comercio, cooperación o tecnología.

El ámbito nuclear ofrece un ejemplo. Argentina participa activamente en organismos como el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC).

También allí aparecen mujeres argentinas en posiciones de responsabilidad. Elena Maceiras, por ejemplo, fue secretaria de la ABACC y la primera mujer en ocupar ese cargo. Gabriela Martinic, por su parte, dirigió la Dirección de Seguridad Internacional, Asuntos Nucleares y Espaciales de la Cancillería y posteriormente se desempeñó como embajadora.

El caso muestra que la participación internacional de las mujeres no siempre aparece en los lugares más visibles. Puede estar en una mesa de negociación, en una misión técnica, en la elaboración de una posición nacional o en la coordinación de políticas que después se discuten en organismos multilaterales.

El comercio internacional ofrece otra dimensión. Durante décadas, las negociaciones comerciales estuvieron asociadas a equipos diplomáticos y económicos altamente especializados. Un ejemplo ocurrió en 2017, durante la XI Conferencia Ministerial de la OMC realizada en Buenos Aires, cuando se presentó la Declaración de Buenos Aires sobre el Comercio y el Empoderamiento Económico de las Mujeres, respaldada por 118 miembros y observadores de la organización.

El episodio permite mirar la diplomacia económica desde otra perspectiva. Negociar comercio también es hacer política exterior, y los espacios donde se discuten aranceles, acceso a mercados y reglas comerciales tienen consecuencias concretas sobre las oportunidades económicas.

La representación internacional también puede construirse desde el conocimiento. El Centro de Economía Internacional (CEI) de la Cancillería produce estudios e información vinculados con el comercio exterior y la inserción económica internacional de la Argentina. Sus análisis funcionan como insumos para comprender mercados, relaciones comerciales y negociaciones en espacios como el MERCOSUR y la OMC.

No todas las formas de representación ocurren frente a una bandera o detrás del nombre de una embajada. Algunas suceden en los equipos que producen el conocimiento con el que la Argentina llega a una negociación.

La dimensión regional también es importante. La CEPAL constituye un espacio central para producir diagnósticos y recomendaciones sobre desarrollo económico y social. Un ejemplo fue la XV Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, realizada en Buenos Aires en 2022, que culminó con la adopción del Compromiso de Buenos Aires y la propuesta de avanzar hacia una sociedad del cuidado.

Más allá de Cancillería

La representación internacional tampoco termina en el Poder Ejecutivo. En el Congreso existe otra dimensión de la política exterior: la diplomacia parlamentaria, que se desarrolla a través de comisiones, grupos parlamentarios de amistad, encuentros con delegaciones extranjeras y el tratamiento legislativo de acuerdos internacionales.

Un ejemplo actual es Juliana Santillán, presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto de la Cámara de Diputados desde 2026. Bajo su presidencia, la comisión participó del tratamiento del Acuerdo de Libre Comercio entre el MERCOSUR y Singapur, que obtuvo dictamen favorable y recibió sanción definitiva de la Cámara de Diputados el 27 de agosto de 2026.

Una parte de la política exterior se construye mediante negociaciones diplomáticas, pero otra pasa por el Congreso: los acuerdos internacionales necesitan tratamiento legislativo y los vínculos entre parlamentos también forman parte de la relación de la Argentina con otros países.

La representación internacional también se construye desde las provincias y las ciudades. En ese nivel aparece la paradiplomacia, a través de misiones comerciales, vínculos con otras ciudades y regiones, convenios de cooperación y relaciones con delegaciones extranjeras.

En Mendoza, por ejemplo, Sol Salinas participa de debates vinculados con la paradiplomacia y con la posibilidad de fortalecer institucionalmente las relaciones internacionales de la provincia. En la Ciudad de Buenos Aires, Clara Muzzio, como presidenta de la Legislatura porteña, participa de encuentros institucionales con delegaciones diplomáticas y representantes extranjeros.

Provincias y ciudades también construyen sus propios vínculos con el exterior, especialmente alrededor del comercio, la cooperación, la cultura y el intercambio institucional.

También se construye desde las ideas

La representación internacional tampoco se agota en los cargos diplomáticos. También se construye en los espacios donde se estudia y se debate la inserción de la Argentina en el mundo.

Un ejemplo es el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). Para el período 2026-2029, tres de los cuatro cargos principales de su Comité Ejecutivo están ocupados por mujeres: Carola Ramón, como vicepresidenta; Lila Roldán Vázquez, como secretaria general; y Victoria Costoya, como tesorera.

El dato muestra otra dimensión de la participación femenina en las relaciones internacionales: no solo la representación formal del Estado, sino también la producción de conocimiento y la construcción de debates sobre política exterior.

En los espacios de análisis del Consejo, Elsa Llenderrozas dirige el Comité de Asuntos Latinoamericanos, mientras que Lila Roldán Vázquez dirige el Comité de Asuntos Euroasiáticos. También participan nuevas generaciones, como Sofía Mormandi, integrante del Consejo del Futuro y con experiencia como jefa de delegación argentina en grupos de trabajo del G20.

Tener un lugar propio frente al mundo no significa únicamente ocupar una embajada o sentarse en una mesa de negociación. También significa participar de los lugares donde se producen las ideas y se construyen las preguntas que orientan la política exterior.

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La diplomacia es solo uno de los espacios desde los que se construye la política internacional. En Chicas en RRII explicamos qué son las Relaciones Internacionales, qué actores participan y cómo las perspectivas feministas ampliaron aquello que entendemos por poder y política internacional.

Una representación que se amplió

Este recorrido muestra que la diplomacia argentina cambió junto con los lugares desde los que las mujeres pueden participar de la vida internacional.

Primero fueron los circuitos sociales y culturales. Después llegó la profesionalización del Servicio Exterior. Más tarde, las mujeres comenzaron a ocupar embajadas y cargos de conducción. Hoy, además, participan de organismos multilaterales, tribunales internacionales, negociaciones comerciales, equipos técnicos, espacios de investigación, parlamentos y gobiernos subnacionales.

El mapa de la representación argentina se hizo más grande.

Pero ampliarlo no significa que todas las posiciones estén distribuidas de la misma manera. Los datos sobre ingreso, rangos superiores y destinos muestran que todavía existe una diferencia entre estar presente y acceder a todos los espacios de decisión.

Por eso, hablar de mujeres en la diplomacia no debería reducirse a contar cuántas llegaron a ser embajadoras o cancilleres. También implica mirar quién produce conocimiento, quién negocia, quién participa en organismos internacionales, quién construye vínculos desde las provincias y quién ocupa los espacios donde se define qué intereses y prioridades llevará la Argentina al mundo.

Una habitación que todavía se está construyendo

Cada generación encontró una habitación diferente. Y cada generación dejó la puerta un poco más abierta para la siguiente.

Pero aún queda camino por recorrer. Seguir participando de la diplomacia, la política exterior, los organismos internacionales y los espacios donde se decide cómo la Argentina se relaciona con el mundo también significa ampliar las posibilidades para quienes vienen después.

Quizás ahí esté el sentido más profundo de la metáfora de Woolf: tener un lugar propio no es solamente ocuparlo, sino convertirlo en una posibilidad para otra persona.

La habitación de la diplomacia argentina todavía se está construyendo.

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