El Vaticano como actor sui géneris y su respuesta ética a la geopolítica global
El Vaticano combina soberanía territorial y autoridad religiosa. Cómo actúa la Santa Sede en la ONU ante la guerra y la inteligencia artificial.
La Santa Sede ejerce una influencia internacional que excede las dimensiones territoriales del Vaticano. Su presencia en la ONU y la UNESCO articula una agenda centrada en la dignidad humana, la paz y la ética tecnológica.
Vaticano y Santa Sede: Estado territorial y autoridad moral global
Para comprender el impacto del Vaticano en la diplomacia multilateral, es indispensable analizar la distinción jurídica e institucional entre el Estado de la Ciudad del Vaticano y la Santa Sede (Sancta Sedes). Aunque suelen utilizarse de manera indistinta, constituyen dimensiones jurídicas y políticas claramente delimitadas.
El Estado de la Ciudad del Vaticano, creado en 1929 mediante los Pactos de Letrán, constituye una entidad territorial de apenas 44 hectáreas. Su propósito primordial es otorgar una base física e independiente al pontífice, garantizando que su ministerio no quede subordinado a otro poder estatal.
La Santa Sede es la institución de gobierno de la Iglesia católica y un sujeto soberano de derecho internacional público, con personalidad jurídica propia y representación diplomática ante más de 180 Estados.
A diferencia de los Estados soberanos tradicionales, la Santa Sede no sustenta su influencia en el poder militar, industrial o comercial. En su lugar, ejerce una diplomacia apoyada en el soft power (poder blando), la autoridad moral y la persuasión pacífica. Esta condición favorece su actuación como mediadora y su interlocución con actores de distintas posiciones políticas.
En el sistema de las Naciones Unidas mantiene el estatus de Estado observador no miembro desde 1964. Esta condición le permite participar en los debates de la Asamblea General, aunque no le otorga derecho a voto. También mantiene una misión permanente de observación ante la UNESCO.
| Dimensión | Estado de la Ciudad del Vaticano | Santa Sede |
|---|---|---|
| Naturaleza jurídica | Estado territorial que garantiza la independencia de la Santa Sede. | Institución de gobierno de la Iglesia católica y sujeto soberano de derecho internacional. |
| Recursos de poder | Base territorial, infraestructura y administración estatal. | Poder blando, autoridad moral y red diplomática. |
| Relación con la ONU y la UNESCO | Proporciona la garantía territorial de independencia del pontífice. | Ejerce la representación diplomática y participa como observadora. |
Antecedentes: de los derechos humanos a las tribunas multilaterales
La legitimidad de la Santa Sede en los organismos internacionales encuentra una de sus raíces en la defensa de la dignidad humana inalienable, piedra angular de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.
Durante la reconstrucción del orden internacional tras la Segunda Guerra Mundial, el pensamiento social cristiano contribuyó a los debates sobre los derechos fundamentales. Un ejemplo fue la participación del filósofo Jacques Maritain en la consulta de la UNESCO sobre sus fundamentos filosóficos, en 1947. Esta contribución formó parte de un intercambio más amplio entre distintas tradiciones culturales e intelectuales.
A lo largo de las décadas, los pontífices han consolidado esta presencia multilateral mediante hitos discursivos de alto impacto político y teológico.
Pablo VI, en su discurso ante la ONU del 4 de octubre de 1965, formuló una apelación que se convertiría en emblema de la diplomacia pontificia: “¡Nunca jamás guerra! ¡Nunca jamás guerra!”. Su intervención vinculó la paz con la cooperación entre los pueblos y el abandono de la lógica armamentista.
Juan Pablo II, ante la UNESCO en París, el 2 de junio de 1980, sostuvo que “el hombre vive una vida verdaderamente humana gracias a la cultura”. En ese mismo discurso defendió la prioridad de la ética sobre la técnica, de la persona sobre las cosas y del espíritu sobre la materia.
Francisco, ante la Asamblea General de la ONU el 25 de septiembre de 2015, afirmó la existencia de un “derecho del ambiente”. Vinculó la destrucción ambiental con el daño a la humanidad y con los procesos de exclusión económica y social que afectan especialmente a los más pobres.

Las propuestas de la Santa Sede ante los desafíos contemporáneos
En el escenario multipolar y fragmentado del presente, la Santa Sede articula sus propuestas ante la ONU y la UNESCO alrededor de tres vectores prioritarios.
A. Crisis de la diplomacia multilateral y diálogo como recurso de paz
Frente a las crecientes tensiones geopolíticas y el desgaste de las instituciones internacionales, el Vaticano ha denunciado la pérdida de eficacia del diálogo intergubernamental.
Durante su visita a la UNESCO, en París, el 25 de septiembre de 2026, León XIV advirtió sobre una paradoja de la gobernanza global: las instituciones deben afrontar problemas que ningún Estado puede resolver por sí solo, pero atraviesan una crisis de eficacia cuando el diálogo es considerado un obstáculo.
Ante esta situación, propuso recuperar la confianza entre los pueblos y reconocer que las diferencias no constituyen necesariamente una amenaza. También presentó a la UNESCO como un espacio para reflexionar sobre la historia y el futuro de la humanidad.
B. Inteligencia artificial, humanismo digital y sentido de la vida
Ante la irrupción de las tecnologías emergentes, el Vaticano ha intervenido en el debate ético sobre la deshumanización del trabajo, la opacidad de los algoritmos y el desarrollo de sistemas de armas autónomas letales, conocidos por sus siglas en inglés como LAWS.
Esta preocupación atraviesa la encíclica Magnifica humanitas, de León XIV, dedicada al cuidado de la persona humana en tiempos de inteligencia artificial.
Durante su intervención ante la UNESCO, el pontífice distinguió la capacidad de los sistemas artificiales para correlacionar datos de la búsqueda humana de sentido. También cuestionó que la dignidad de las personas sea evaluada según su productividad y defendió una tecnología puesta al servicio de la vida.
En este marco antropológico, la Santa Sede sostiene el carácter inalienable de la dignidad humana frente a las tendencias que reducen a las personas a su utilidad económica o tecnológica.
C. Desarme integral, solidaridad y gobernanza en la ONU
Por su parte, la representación de la Santa Sede ante la Asamblea General de la ONU mantiene una postura firme frente a la polarización geopolítica, apelando a la fraternidad y a la superación del armamentismo.
En su intervención del 26 de septiembre de 2026, el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado y jefe de la delegación de la Santa Sede, defendió la cooperación multilateral y el desarme como condiciones para una paz duradera.
Su planteo vinculó la seguridad con la protección de la población civil, el respeto del derecho internacional humanitario y la responsabilidad compartida frente a desafíos que ningún Estado puede afrontar de manera aislada.
La dignidad humana como horizonte diplomático
El análisis de la labor diplomática de la Santa Sede en la ONU y la UNESCO confirma el valor de un actor sui géneris en las relaciones internacionales.
Sin el poder militar de las grandes potencias ni sus ambiciones geoeconómicas, el Vaticano utiliza su estatus internacional para ejercer una autoridad moral que cuestiona la lógica del poder bruto y coloca la dignidad inalienable de la persona, la ética tecnológica y la construcción de la paz en el centro de la agenda global.
En un mundo acelerado e incierto, su voz diplomática recuerda que la verdadera grandeza de las naciones no se mide por sus arsenales ni por su capacidad algorítmica, sino por su capacidad de resguardar el bien común y la fraternidad humana.