¿La culpa es nuestra?
La baja natalidad en Argentina volvió al centro del debate tras los dichos de Milei. Por qué responsabilizar a las mujeres simplifica el fenómeno.
La baja de natalidad, como hecho único que afecta al crecimiento del país y responsabilidad de las mujeres, según los dichos del presidente Milei. Enojos, insultos, desgobierno y misoginia del referente libertario y sus seguidores, que ya no pueden dar respuestas a los argentinos.
La gente está complicada, enojada, frustrada y preocupada. El gobierno argentino… también. Esto se pone en evidencia no solo con los despilfarros lingüísticos del presidente Milei. También con el abandono de sus funciones de gobierno, enojos, insultos, pérdida de autocontrol y búsqueda de culpables, sumado a unos cuantos amigos impresentables y, en la última semana, un ineficaz trolero repitiendo la aventura de las “caricias significativas” del gobierno macrista en 2019, que ponen en evidencia al dispositivo libertario.
Luego de más de diez días sin participar de la vida del país, Milei reapareció con una serie de presentaciones públicas. Hizo muchas manifestaciones, justificaciones insólitas y, puntualmente centró la responsabilidad de los problemas nacionales… en las mujeres.
Las mujeres que decidieron no tener hijos, los “pañuelos verdes” específicamente, porque (además, dice Milei) los hijos son el aporte de un pais para la fuerza de trabajo. Pero el planteo no contempla los condicionamientos de todo tipo que sufren las mujeres (y los hombres, porque en definitiva la cosa es de a dos) para tomar la desición de tener o no hijos. Y aquí cabe la aclaración, la baja de natalidad, no implica exactamente interrupción de los embarazos.
El fenómeno
En Argentina, según la la Dirección de Estadísticas e Información de la Salud, la tasa de nacimientos muestra una caída del 47% respecto desde 2014. Sin embargo, y a pesar del histrionismo presidencial, Argentina no se acerca al índice de los diez países con menos natalidad en el mundo, ni por lejos. Corea del Sur muestra la menor tasa de natalidad del mundo, en cantidad de hijos por mujer tiene un índice de 0,75, en España o Uruguay, el índice es de un 1,10 o 1,5 según la ONU.

La precarización laboral o el aumento del costo de vida, son las razones que primero se manifiestan como la razón para no tener hijos. Aún así, hay causas que se relacionan con raíces culturales o cambios sociales, entre ellos la disminución de los embarazos adolescentes (gracias a las campañas educativas y ESI), la autonomía de las mujeres y la participación en el mercado laboral e incluso, algunos estudios a nivel mundial, hablan de que cada vez menos personas se identifican con movimientos religiosos, alejándose de la responsabilidad simbólica del valor de la familia numerosa como realización humana.
La solución (que nos proponen)
Siguiendo el hilo de que las mujeres tenemos la culpa, la solución (para el presidente y el universo libertario) es clara: una sumisa obediencia económica de la mujer hacia el hombre, dedicación exclusiva a la familia, a los hijos, las tareas de cuidado, educar a los hijos en casa y, hasta abandonar el pensamiento independiente, dejando la responsabilidad del voto a los hombres. Tradwives.
Pero, pasan cosas. Scroleo un rato y me encuentro con Pablo Laurta que se escondió varios días en el techo de la casa de su ex mujer, para esperar el momento adecuado para asesinarla, a ella y a su suegra. Laurta, seguidor de Agustín Laje, ideólogo inspirador y financista de Milei con su Fundación Faro, misógino manifiesto.
Días más tarde, Valentín Alcida. Activo manifestante de las ideas libertarias, asesinó a su novia, intentó manipular la escena para encubrirse, y se suicidó.
Pasan los días, y se hace famoso Fernando Cerimedo, asesor político de Milei, organizador de campañas digitales y fundador de La Derecha Diario. Nadia Beller, su pareja, abogada y activista política boliviana, es atacada a balazos mientras esperaba encontrarse con una fuente. Rápidamente Beller acusa a Cerimedo de ser el organizador del ataque, y es detenido en el aeropuerto tratando de embarcar hacia Buenos Aires. Pruebas del plan de ataque y otro montón de estafas, desvíos de fondos, y otros negocios ilegales, lo complican y mucho.
Como mujer encuentro, siento, evalúo cierta contradicción o cortocircuito, entre el planteo de “cuidame la casa y los hijos que yo te cuido” y salir a matar impunemente. Y todo eso, relacionado de una u otra manera con el presidente y sus arengas.
Y la el ataque sigue
El presidente habla. Habla en un colegio secundario, uno de los más prestigiosos de Buenos Aires, que además presenta una propuesta educativa que involucra la apertura a ideas, ideologías y culturas.
Habla en la escuela, frente a adolescentes de 16 o 17 años. Habla de “Ética como política de Estado” y menciona a Marx como satanista, critica a la oposición, menciona al Estado como ladrón de la propiedad privada e insta a los adolescentes (esa edad tan sensible) a comportarse como patoteros y hacer bullying a los periodistas.
Una mujer, una madre, ese día lleva a su hijo a ese colegio y al terminar la jornada, no solo se encuentra con que durante la mañana el chico sufrió un acto semejante de adoctrinamiento, sino que estuvo en peligro rodeado de francotiradores, fuerzas armadas, o perros revisando pertenencias.

Pero la culpa es nuestra. De las mujeres. Porque ante la crueldad, el peligro inminente, las decisiones que personas mal educadas o inescrupulosas insisten en tomar sobre nosotros, el daño que sufren los ancianos a los que tenemos que cuidar, o la falta de recursos económicos, y viendo con dolor una sociedad tan hostil, nos plantamos y decidimos que mejor no, que un ser tan dulce, frágil e importante como un niño a quien queremos dar la mejor vida, no se merece ser sometido a un mundo de tanta injusticia.
No es el pañuelo, es cuidado, es amor. La culpa no es nuestra.