Crece la carga para las mujeres: las tareas de cuidado ahora incluyen a las mascotas

La incorporación de perros y gatos como integrantes de la familia amplió las tareas de cuidado no remuneradas. Un fenómeno atravesado por desigualdades de género, clase y condiciones laborales.

“Perro siendo paseado en una calle urbana, imagen utilizada para ilustrar el debate sobre las tareas de cuidado y la carga que asumen las mujeres en el cuidado de las mascotas.”
💬 Nota de chicas en rrii:
La economía del cuidado suele analizar el trabajo no remunerado que sostiene la vida cotidiana (como el cuidado de niñas, niños, personas mayores o del hogar) y su impacto sobre la autonomía económica de las mujeres. El artículo de Carla Spinelli propone extender esa discusión a una dimensión menos explorada: cómo el cuidado cotidiano de las mascotas también puede convertirse en una carga de trabajo invisibilizada.

Las tareas de cuidado no remuneradas (TDCNR) son aquellas que las mujeres realizan con el objetivo de mantener funcionando sus familias y hogares. Cuidar a los hijos o ancianos, cocinar, limpiar, planchar o acompañar el aprendizaje entre otras, son, según números de la ONU, la carga que asumen 239 millones de mujeres, contra 132 millones de hombres a nivel mundial. El crecimiento de la población de animales de compañía conviviendo con personas, y los cambios socioculturales que hoy los pone en el lugar de un miembro más de la familia, agrega más tareas de cuidado al día a día femenino.

Se calcula que desde 2022, la población de perros y gatos ha crecido entre un 12 y 15% en las grandes ciudades. Mucho tuvo que ver la pandemia de COVID-19. Durante el confinamiento, muchas familias integraron un perro o gato a la casa. Con el fin del confinamiento, se observaron en las personas secuelas emocionales como altos niveles de estrés, ansiedad, soledad o depresión. Los animales y su compañía, se consideraron parte de la solución a estos trastornos.

En las últimas dos décadas, el cambio socio cultural respecto a como se valora a los animales en la familia es notable. El valor afectivo que las personas otorgan a sus perros o gatos actualmente, los ubica como compañeros de vida con los que se comparten desde viajes, paseos, visitas a bares o entrenamientos deportivos, hasta soporte emocional y compañía para adultos mayores. Cuanto más joven es la generación, más importancia y centralidad tienen el perro o gato en el vínculo e integración al grupo familiar.

En términos económicos, este fenómeno se define como “la nueva economía del cuidado animal” o “humanización de las mascotas”. Las nuevas generaciones están dispuestas a destinar más dinero al bienestar de sus perros o gatos: veterinaria, adiestramientos, nutrición, juguetes o gadgets electrónicos, son los gastos preferidos en este rubro.

El acceso al bienestar

El mercado “pet” se abre como una oportunidad de negocios con amplias ofertas, para los sectores de mayores ingresos, ¿pero qué pasa con los sectores con menos posisilidades económicas?

La falta de recursos reduce el acceso a servicios para los perros o gatos. Peluquería, dietas, servicios de paseo o guardería, e inclusive atención veterinaria, se hacen inaccesibles trasladando la responsabilidad de estas tareas a la mujer, quien es el 72 % de las veces la responsable del hogar (contra un 3,2% de hombres en ese rol) según datos de la ONU.

Las tareas de cuidado de los perros o gatos en las casas tampoco son remuneradas e impactan directamente en el bienestar de las mujeres responsables: reducen al máximo su tiempo de descanso o la llevan a la precariedad laboral, ya que las TDCNR imposibilitan conseguir trabajos mejores pagos que exigen cumplimiento de horarios estrictos, para disponer de horarios más flexibles, que permitan atender la familia, el hogar y los animales integrados.

Círculo vicioso

En Argentina el mercado del trabajador canino (paseadores, adiestradores o peluqueros) no está reglamentado legalmente, y quienes ejercen estas actividades no son reconocidos como trabajadores. Al mismo tiempo, el mismo mercado del consumo pet abre, ante la crisis, la posibilidad de generar ingresos extra paseando, bañando o cuidando dentro o fuera de casa a perros o gatos.

Para alguien que, cotidianamente ejerce tareas de cuidado, es una opción más para obtener un pago a cambio. Incluso, empiezan a aparecer las apps que permiten inscribirse gratuitamente, para ofrecer estos servicios de bienestar para perros o gatos.

Sin embargo, la precarización de la actividad, no permite mejorarla. Una situación similar a la de los repartidores o conductores de plataformas, mal paga, sin derechos y desprotegidas. La “uberización” de los animales de compañía.

Carla Spinelli
Periodista
Buenos Aires, Argentina

¿Qué opinás? 🌎

Las relaciones internacionales no se entienden en soledad. Sumate a la conversación.